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lunes, 28 de marzo de 2011

Endlich!

Tanto tiempo esperando... soñando... babeando delante de desayunos ajenos... y ¡por fin! ¡Ya tengo aquí mis propios gofres!
Bueno, son adaptados de la receta de Heidi, pero con mi toque personal.

Mis primeros gofres chispas

Please don't judge me...

Ingredientes (para muuuchos)

1/2 litro de suero de leche
3 huevos
100 ml de aceite vegetal de sabor neutro
100 gr. de copos de cereales variados,triturados hasta que sean harina
100 gr. de harina de trigo integral
una cuhcarada sopera de azúcar moreno
una cucharada de postre de polvos de hornear
una pizca de sal

Mezclar los ingredientes secos por un lado, los húmedos por otro, preparar la gofrera, mezclar los ingredientes húmedos y los secos y hacer los gofres según las instrucciones de la máquina. A medida que se van haciendo, se pueden poner en el horno bajito (100ºC) para que no se enfrien.
Servir con frutas, sirope, bacon, yogur, mermelada, nutella, nata, helado... o lo que apetezca.

No me juzguéis, pero ayer desayuné gofres, hoy he desayunado gofres y también he almorzado gofres.

¡Salud!

miércoles, 12 de marzo de 2008

Hablando de antaño...

Ya lo había nombrado antes, pero hoy quiero dedicarle un post entero. Hay un lugar en Munich en el que se puede viajar en el tiempo. No es broma, es literal. Es el Manufaktum.

Es uno de esos locales que a simple vista me atraen porque son muy de diseño, diáfano, techos altos, mucha luz... y para qué lo vamos a negar, a mí esas cosas me conquistan de entrada (estoy aprendiendo a no fiarme de las apariencias, pero aún me cuesta) Pero cuando me puse a curiosear entre sus estantes y vi lo que venden allí me quedé absolutamente prendada.



A parte de especias, sal, salsas, limonadas y gaseosas... en la sección de alimentos, hay todo tipo de herramientas, utensilios de cocina y gadgets antiguos pero sin estrenar, esperando a que algún purista de los procesos clásicos los desenvuelva y de sentido a su existencia.



Se encuentran molinillos de café, bannetons, picadoras de carne, aparatos para hacer tu propia cerveza en casa, rastrillos de jardín, pinzas de la ropa, batidoras... Aunque el local es muy moderno sé que no estoy en este siglo, que he viajado en el tiempo para ver cómo sería la tienda donde iban a comprar mis bisabuelos.



Naturalmente, tanta emoción hace desfallecer y entonces uno se acerca a la barra y se pide un auténtico cortado a la española y lo saborea mientras aprende viendo el obrador del pan a toda máquina, dando forma, espolvoreando harina, metiendo y sacando del horno...

Una tarde en otro siglo, en otro mundo.

¡Salud!

jueves, 31 de enero de 2008

Lo que no quiero perder

Pues a petición popular, aquí está la foto de mi llavero-especiero.
Es un potecito en el que hay varios departamentos con especias diferentes (curry, pimentón, pimienta y sal). Cada departamento se puede abrir independientemente para sazonar lo que te apetezca. Debe ser rellenable, pero aún no lo he intentado.



Con él siempre voy preparada para cualquier emergencia gastronómica ;) ¿Quién no temería perder semejante tesoro?

¡Salud!

martes, 2 de octubre de 2007

Mi oasis

Vivir en el extranjero tiene muchas ventajas pero también tiene muchos pequeños inconvenientes que hacen la vida un poco más difícil de lo "normal". Hay un montón de pequeñas cosas que cuando vives en tu país ni siquiera te das cuenta de que existen y que cuando vives en el extranjero son diferentes e incómodas.

Una simple fiesta de cumpleaños puede llegar a ser un reto: ¿debo llegar puntual o es más chic llegar un poco tarde? ¿cómo saludo a la gente, les doy la mano, dos besos o sólo digo "Hey"? ¿tengo que ofrecer el regalo inmediatamente o esperar a después de la cena? ¿se abren los regalos al recibirlos o se guardan para más tarde? ¿puedo ayudar en la cocina o lo tomarán como una intromisión? y así podría pasarme todo el post...

Es por eso que cuando se vive en el extranjero, más que en ningún otro sitio, se necesitan oasis que te desconecten de todas esas pequeñas barreras cotidianas y te hagan la vida más fácil. En mi caso, ese oasis es mi cocina y, tal como propone Cannella, os la voy a enseñar.



Es una cocina muy pequeña pero a la vez es grande porque al estar unida al salón-comedor-despacho se ve muy espaciosa y no se tiene la sensación "caja de cerillas".

Tiene muchos rinconcitos que me encantan:


la estantería de las especias (faltan algunas que no caben) y las latas de los cereales...


... el armario de las infusiones y la cestita de los peperoncini.

Como es pequeña, se expande por el resto de la casa y dando un garbeo por el salón-comedor-despacho se encuentran



el rincón del pan y la cesta de las patatas, el frutero y la estantería de los libros de cocina estratégicamente colocada detrás del sofá, para recrearse.

Por último me gustaría mostraros mis cacharrines favoritos.


La batidora (la uso mínimo una vez al día) con la que preparo batidos, sopas y bizcochos. El calentador de agua que uso para las infusiones y para el cuscús. Y el molinillo de pimienta que me trajo mi madre de Estambul. Me costó acostumbrarme, pero ahora ya no podría vivir sin él.

¿Y cómo es vuestra cocina? ¡Os animo a que hagáis caso a Cannella y nos mostréis vuestras cocinas en vuestros blogs!

¡Salud!

jueves, 30 de agosto de 2007

Múnich para gourmets y cocinillas

El resto de aventuras austríacas, de cómo fuimos a visitar a la familia a 2500 metros de altura, de cómo nos volvimos locos apretando el disparador en el Salzkammergut y otros relatos, están explicados divinamente por el Tonisito, así que de momento yo hago una pausa en el camino. Ya explicaré más cosillas sobre ello en otra ocasión. Paso directamente a la siguiente parada de nuestra Odisea.

De Múnich no me canso nunca. Es de esas ciudades que alguien aficionado a la cocina o a la degustación de platos variados no se la acaba. Existen muchísimos garitos dedicados a comer, beber y cocinar. Cada vez que vamos, descubrimos nuevos lugares.



Esta vez volvimos a visitar el ARAN donde adquirí una cesta para levar pan (y probé una tarta Streusel de ciruelas fantástica) y el supermercado biológico donde me encapriché de unas infusiones inglesas muy de diseño (¿alguien sabe porqué las infusiones inglesas son de lo mejor?).



Pero también descubrimos el último molino de cereales que queda en la ciudad. Buscando un teatro modernista que nos apetecía visitar, doblamos una esquina y ahí estaba. Un pequeño local lleno de paquetitos etiquetados con mimo que contenían harinas, cereales y mezclas para hornear lo que os podáis imaginar. ¡Que gozada! El dueño, al principio receloso de esos guiris extraños que todo lo tocaban, se relajó cuando nos oyó chapurrear alemán y me recomendó una de sus mezclas para hacer pan de harina de trigo duro. Aún no la he probado, pero ahora que ya ha llegado el otoño a Austria va a ser el momento ideal.

Otro motivo para visitar la capital bávara es que yo tenía una misión que realizar: encontrar esas galletas de Baviera que dan motivos para vivir incluso al más desesperado. Quizá sean estas pero como no estoy segura, cualquier información sobre las galleticas en cuestión será bienvenida.



Y para acabar este post, pondré la receta de una de las especialidades bávaras que he aprendido últimamente. Descubrí la receta en el blog Delicious Days y me fue imposible no probarla. Así fue mi adaptación...

Rahmfleckerl



Ingredientes (para 5 porciones):
500 gr. de harina de centeno blanca
300 ml de agua
150 gr. de levadura natural (alias Tamagochi o masa madre)
7 gr. de levadura de panadero granulada
5 gr. de sal
una taza de Schmand (crema agria, crème fraîche..)
una taza de Speck a daditos (bacon, panceta...)
una cebolleta tierna y un puñado de cebollino picados
pimienta y sal al gusto

Se amasan juntos la harina, agua, levadura natural, levadura de panadero y sal hasta formar una masa suave. Se deja levar una hora.
Se precalienta el horno a 250ºC con un repiente con agua.
Se da forma de pelotas de tenis a la masa y se aplanan con un rodillo para obtener unas pizzetas alargadas.
Poner en cada trozo de masa una cucharada generosa de Schmand sazonada al gusto con sal y pimienta, espolvorear por encima con el Speck.
Se hornean las Fleckerl durante 10 minutos (y no hagáis como yo, ponedlo en la mitad del horno, sino la crema desaparecerá y es una lástima porque está muy rica)
Sacar del horno, decorar con la cebolleta y el cebollino y ¡a disfrutar!

No es exactamente una pizza, lo sé, pero creo que puede colar como "pizza bávara" y acompañar a Cannella en su semana de la pizza. ¿Cuela? :)

¡Salud!