domingo, 11 de febrero de 2018

12 pequeños cambios: guerra química

Voy tarde, muy tarde, y podría pedir disculpas una vez más y volver a dar las excusas de siempre, pero no lo voy a hacer, porque parte de este proyecto es vivir sin complicarse la vida demasiado y a veces pues se priorizan otras cosas, sin culpas ni auto-regañinas dañinas.

El tema de febrero de nuestro querido proyecto #12pequeñoscambios se titula "sin químicos". Sí, sí... ya sé... es imposible vivir sin químicos, teniendo en cuenta que TODO es química. A lo que nosotras nos referimos y Paula, que es la anfitriona de este mes, bien explica, es vivir con menos tóxicos en productos de limpieza y cosmética, menos aditivos en la comida y menos materiales dañinos en objetos cotidianos como bombillas o sartenes.



Me está siendo difícil separar temas. Hace ya tiempo que vengo usando muy pocas cosas en el baño y para limpiar, pero más que una cuestión de anti-toxicidad es una cuestión de minimalismo (sí, sí, otra vez). No entiendo para qué necesito tantos productos diferentes para limpiar o para limpiarme y tener mil botellas, botes y tubos de productos tan específicos. ¿Por qué es diferente el limpiador del lavabo al de la cocina? ¿Por qué se usa un producto distinto para el wc, para el suelo y para las ventanas? El jabón es jabón y debería servir para lavar la ropa y para lavarme la cara, ¿no? El caso es que ya llevo mucho camino hecho y que para limpiar la casa y la ropa uso: jabón líquido, bicarbonato y vinagre.



El tema de la higiene personal es un poco distinto, no me atrevería a limpiarme los dientes con el mismo jabón con el que me lavo la cara, pero me pregunto ¿por qué es importante que el jabón de la piel y el del pelo sean diferentes? Para mi cabeza no es problema usar el jabón que uso para el cuerpo, sé que para otras cabezas es más problemático, pero me gustaría saber por qué se usan dos productos distintos por defecto. Nunca he sido de potingues ni presumida (tengo un maquillaje que debe de tener por lo menos quince años), pero ahora estoy pasando una época en la que me alegro simplemente de que no me salgan hongos ni caries y la ducha diaria es casi un lujo. Para eso solo necesito usar jabón de barra (el mismo para el pelo que para el cuerpo), pasta de dientes y para dolencias más específicas (sequedades, granitos, etc) aceite de sésamo, de coco o esencia de árbol del té. Mi único lujo es un bálsamo labial casero (a base de manteca de cacao, aceite de oliva y caléndula) que cuando me acuerdo de ponérmelo me siento la mujer más cuidada del mundo.



Mi objetivo de este mes va a ser un poco disperso y consiste en acabar de cortar flecos que todavía cuelgan: champú y jabón para los marmotillos que no pique a los ojos, eliminar las toallitas de un solo uso (sí, sí, vergüenza debería darme), el material de mis sartenes, el aceite de palma...

Y vosotros ¿Qué objetivos os planteáis? ¿Qué champús para bebés/niños naturales y sin envase conocéis? ¿Alguien sabe de recetas de toallitas de bebé caseras reutilizables? ¿Qué material es el más adecuado para cocinar? ¿Alguna receta de nutella casera que realmente parezca nutella? ;-)

Podéis compartirlos aquí, por Instagram o por Facebook con el hashtag #12pequeñoscambios. Nos encantará leer vuestras propuestas, reflexiones y recetas. ¡Nos vemos por aquí y por allí! :-)

¡Salud!

2 comentarios:

  1. Me apunté también este mes al reto con vosotras y estoy intentando, al menos, identificar los químicos que no deseo en mi casa. Jabones y demás, champús, productos de limpieza de la casa... También querría prescindir de las toallitas y de las servilletas de papel, aunque no sea cuestión de químicos.

    A ver lo que vamos consiguiendo.

    Besos.

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  2. Jo, estás mucho más avanzada que yo... Este mes me he dado cuenta de que todavía consumo MOGOLLÓN de químicos. Estoy un poco desanimada. Pero entre lo que contáis una y otra creo que voy a intentar ponerme las pilas...

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