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viernes, 10 de febrero de 2017

Pequeños rituales de mitad de invierno

Volver a casa el viernes del mercado con pan fresco y casi sin quitarme ni los zapatos, correr a cortar una rebanada para zampármela a grandes bocados untada de mantequilla.



Ducharme cada noche con el jabón de Botánica y transportarme a un bosque mediterráneo.

Cuando por fin duermen los marmotillos, tomarme una infusión, una leche de cúrcuma y canela o una leche con galletas mientras revisamos el día.

Encender mi altarillo y sentarme cinco minutos a respirar, escuchar o notar mi cuerpo.



Escaquearme a reírme un rato con estos tweets los viernes y a dejar que MAV y SCB me llenen de inspiración los domingos.

¡Salud!

domingo, 16 de octubre de 2016

Empezar por el postre

Una de esas millones de frases con las que me cruzo diariamente, sobre todo en forma de camiseta en el autobús, dice "La vida es demasiado corta, empieza por el postre".

En esta época de tiempo limitado he caído en la tentación de hacer las cosas urgentes primero, esas que parecen obligaciones, pero así nunca llegaba al postre y me sentía muy desgraciada, llena de resentimiento. Ahora priorizo el postre, lo que me gusta, lo que me hace sentir bien. Si el mamotillo se duerme media hora, me preparo un café, si me dan tregua un ratito, escribo un post o hago una foto, y si no me duermo a las ocho, preparo galletas o tartas. Está claro que así nunca tendré tiempo de limpiar las ventanas, pero mi familia también prefiere tenerme contenta que tener los cristales transparentes.

¿Suena egoísta? Puede ser, pero la paradoja de todo esto es que si te sacrificas en el altar de la maternidad o cualquier otro, lo único que consigues es ser infeliz y hacer infelices a los demás. Así que voy a hacer un sólo sacrificio: no sacrificarme. Perderé el concurso a la madre del año pero a cambio voy a comer pastel.

Éste lo preparé una vez tal como dice la receta original y me gustó mucho la combinación dulce con el ácido de las frutas, así como la textura del bizcocho, que gracias al juguito de las frambuesas se queda a medio camino de una tarta de queso. He hecho varias versiones, ente ellas la de la foto, con cerezas deshuesadas. Ahora que estamos en otoño, lo he preparado con ciruelas y a pesar de que algunos marmotillos prefieren desciruelarlo, siempre me quedan ganas de repetir. Incluso estoy pensando en que va a destronar al bizcocho de las ocasiones especiales.

Bizcocho de ricotta y ciruelas (adaptado de Orangette)

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Ingredientes

200 gr. de harina
200 gr. de azúcar
2 cucharas de postre de polvos de hornear
una pizca de sal
4 huevos
250 gr. de ricotta
una cuchara de postre de extracto de vainilla
100 gr de mantequilla
200 gr. de ciruelas (o cerezas, frambuesas...) deshuesadas y troceadas

Calentar el horno a 180 grados centígrados. Derretir la mantequilla (¡de nada!). Mezclar la harina, azúcar, polvos de hornear y sal en un bol. Batir los huevos, la ricotta y la vainilla en otro cuenco. Mezclar el contenido de los dos boles y añadir la mantequilla fundida y la fruta. Hornear de 50 a 60 minutos.

Desmoldar e intentar dejar enfriar antes de comerlo... aunque tibio está delicioso y acompañado de helado de vainilla aún más.

¡Salud!

domingo, 21 de junio de 2015

Dicen que es verano

Aquí va un post de excusas y muchos (demasiados) links...

Dicen que es verano y deben de tener razón, porque el barrio huele a tilos en flor y el tiempo libre que tengo lo dedico a tomar cervecitas en el balcón, a ir de picnic en picnic por la ciudad, a recoger mariquitas y acariciar caracoles. No me apetece sentarme delante del ordenador de manera activa y tengo la inspiración (sobre todo fotográfica) un poco floja.

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Este principio de verano lo estoy dedicando básicamente a ir a Mordor. Paula lo propuso y ahí que nos fuimos todas. Yo sé que hago trampas, y que eso de caminar está bien, pero acabar todos los paseos en las heladerías cuquis que hay por mi barrio y alrededores no creo que fuera el objetivo de este proyecto sano-sanote. El caso es que el helado me motiva y así ya llevo 136 km caminados (sólo me quedan 2.727 km de nada ;-P)

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Y cuando no estoy caminando millas más allá de La Comarca estoy buscando temas musicales para mi pequeño proyecto instagramero #sayitwithmusic #diloconmusica. Gracias a este proyecto estoy descubriendo muchas canciones y artistas. Me encanta estar encontrando y recopilando estos pequeños tesoros. Es un proyecto sencillo pero del que estoy enamorada, que me da la oportunidad de explorar mi parte musical, que me permite expresar cosas a través de un medio no visual. No es la primera vez que uno fotografía y música, me he dado cuenta que siempre es en verano y que me hace sentir una extraña alegría.

le daré verde a los pinos

Espero que todo esto haya servido de excusa, porque creo que el verano de la Marmota va a seguir siendo un poco flojo. No es que cierre el blog por vacaciones, pero sí que me tomo vacaciones y eso quiere decir que voy a escribir menos y a vivir más. En realidad, como llevo haciendo todo el mes de junio ;-)

Si no nos vemos por aquí, por allá o por acullá, ¡que paséis buen verano!

viernes, 22 de mayo de 2015

La vida pirata

Hace mucho, mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana, alguien me dijo que envidiaba mi vida de marmota: yendo al mercado, paseando por los prados como Heidi, viviendo tantas aventuras… y me dio rabia.

Me dio rabia porque para mí ir al mercado significaba que no tenía un trabajo, vivir aventuras significaba no tener a mi familia cerca y poder pasear por los prados significaba no poder nadar en el mar. Esa persona tenía todo eso que a mí me faltaba y yo tenía lo que a él le faltaba (supongo).

De esto me acordé el otro día, al leer este post tan valiente. Valiente porque expresa una incomodidad en esta época de positivismo a toda costa sin temor a que le llamen quejica o que ella se lo ha buscado, pero es que una cosa no quita la otra. Que te encante tu vida no quiere decir que no veas las cosas de ella que no te gustan y que querrías cambiar, y expresar algo que no te gusta no te convierte en quejica.

Y es que a lo mejor envidiamos la vida pirata porque parece divertida, pero no pensamos que es una vida llena de otras inseguridades, dificultades y añoranzas. Así que la próxima vez que me veáis que hago magdalenas, melindros o carquiñolis, a lo mejor no es que mole más que nadie, a lo mejor es que, simplemente, no los encuentro en el supermercado y los echo de menos.

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Los carquiñolis que vienen con el post de hoy están buenos, pero se me quedaron en biscotti. Primero, porque son de avellanas tostadas y no de almendras crudas. Segundo, la vainilla no entra en la gama de sabores tradicionales catalanes, los carquiñolis necesitan piel de limón. Al próximo ataque de añoranza, hago los cambios pertinentes para que puedan ser dignos de su nombre. ;-)

Carquiñolis que se quedaron en biscotti (inspirados en la receta de Arantza)

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Ingredientes (para más carquiñolis de los que podréis comer, prepararos para compartirlos)

una taza de avellanas tostadas rotas
2/3 de taza de azúcar
2 huevos
una cucharadita de vainilla molida
una cucharada de té de levadura en polvo química (polvos de hornear)
una pizca de sal
1 taza y 3/4 de harina

Precalentar el horno a 180ºC.
Batir los huevos con el azúcar hasta que estén espesos y blancos, añadir la vainilla y volver a batir.
Mezclar los ingredientes sólidos en un bol e incorporar suavemente los huevos batidos con azúcar. Amasar un poco hasta que queden todos los ingredientes incorporados homogéneamente.
En una mesa o encimera enharinada, dar forma cilíndrica a la masa. Hornear los cilindros enteros unos 25 minutos en una bandeja con papel de horno y antes de que se doren demasiado, sacarlos y dejarlos enfriar ligeramente (si están demasiado calientes de aplastarán y si están demasiado fríos se desmigarán). Bajar la temperatura del horno a 160ºC.
Cortar la masa en rebanadas de un dedo de grosor, poner los carquiñolis en la bandeja otra vez y tostarlos unos 10 minutos por cada lado. Dejarlos enfriar. Se conservan estupendamente durante mucho tiempo en una lata de galletas.

¡Salud!

domingo, 26 de abril de 2015

Siestas...

Gracias a estas señoras y a ésta otra empiezo a hacer cosas raras ;-), como pasarme las siestas convirtiendo un pijama y un soporte para portátiles de Ikea en un cojín-luna.

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¡Y lo que nos queda! ¡Deseando que llegue el lunes hiperactivo y el nuevo "assignment" del club de la creatividad! ¡Estas mujeres enganchan!

¡Salud!

viernes, 17 de abril de 2015

Viernes

Un post con música...

Los viernes suelo preparar la madriguera para el fin de semana. Vamos al mercado a comprar y adelanto trabajo en la cocina, para poder ser flexibles y hacer lo que más nos apetezca. Pero éste lo que más me apetece es DESCANSAR. Así, en mayúsculas.

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¿No os pasa que a veces hacéis las cosas como por inercia y no escucháis lo que realmente os pide el cuerpo? A mí me pasa muy a menudo, me sirvo un segundo café sin que me apetezca siquiera, cuando lo que estoy necesitando es una infusión, o planeo comidas pesadas cuando lo que necesito es una sopa, un poco de pan y ya está. Este es mi plan para los próximos dos días, escucharme un poquito y cuidarme todo lo que pueda.

Así que hoy hemos traído del mercado cositas ricas y un par de aromáticas, he hecho una ollota de la sopa de boniato que recomendaba Ariadna, me he servido un vaso enorme de la infusión que me trajo ella misma en su última visita, he puesto la lista que nos dejó Mònica este enero pasado y me he sentado un ratito a escribir.

Y os quiero escribir que este fin de semana no voy a hacer gran cosa. Quizás transplante el tomillo y la albahaca que he traído del mercado. Quizás vuelva a preparar unas albóndigas, quizás haga un segundo intento de carquinyolis y quizás, si consigo quitarme el pijama, vaya a descubrir qué es eso de la Guerrilla Bakery.

Y ya está. ¿Qué planes tenéis vosotros?

¡Buen fin de semana! ¡Descansad!

P.D. Por cierto, me han pasado un link de una marca de bikinis ecológicos que tiene muy buena pinta… creo que tengo un ganador ;-)

P.P.D. ¿Alguien conoce un reproductor de música más discreto?

P.P.P.D. ¡Y que se oiga! :-(

P.P.P.P.D. He optado por el link, a ver si así funciona…

viernes, 13 de marzo de 2015

Este fin de semana...


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… quiero acabar este libro, pero no sé si seré capaz, porque le ha salido un aguerrido contendiente directo de la biblioteca…

… quiero probar la sopa de tomate de Astrid y el desayuno de David y Luise…

… quiero acordarme de publicar algún domingo, que ya los tengo todos, he empezado el siguiente proyecto de 52 semanas y aún no los he publicado todos…

… y quiero acabar de redondear mi nostalgia y enviarla de una vez por todas al Mediterráneo, a ver si así avanza la primavera.

Y vosotros, ¿qué planes tenéis?
¡Pasadlo muy bien!

domingo, 1 de marzo de 2015

50 cosas que me gustan y un marzo de hojas verdes

A riesgo de que los pocos que quedáis por aquí salgáis huyendo agitando los bracitos, voy a hacerlo. Voy a explicar 50(!!!) cosas que me gustan. Os doy permiso para ir a pasear y volver la semana que viene.

Me he animado a publicarla porque esta lista me ha hecho un efecto Sonrisas y lágrimas que no esperaba y es que cada vez que la leo me hace sonreír, me hace sentir bien. Bueno, también porque Montse prometió que la leería ;-)

Así que allá va, que sea leve y disculpen las molestias…

1. Comer sola. Supongo que por eso he dado la paliza hasta que se ha reactivado Una porción y media. Luego os explico más de lo que va a pasar este mes de marzo…

2. Desayunar al aire libre.

3. Tocarle los pies al marmotillo mientras duerme.

4. Perder el tiempo observando la luz.

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5. Ducharme con agua muy caliente durante mucho (demasiado) rato.

6. Los días en que me siento en sintonía con el marmotillo y parece que surfeamos.

7. Desenredar marañas de hilos, lanas, cuerdas…

8. El pan.

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9. La sensación de "despertar de un sueño" después de haber estado haciendo algo concentradísima.

10. Cantar.

11. Reírme a mandíbula batiente con el marmotillo sin motivo aparente.

12. Harry Potter.

13. Las chaquetas de lana grandotas.

14. Ponerme el pijama del Tonisito.

15. La leche, sus derivados y los huevos… nunca podré ser vegana.

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16. Las charlas de madrugada con mi hermana.

17. Los abrazos de mi madre y cómo me llama "mi niña".

18. La pasión de mi padre por los pájaros, las setas y la naturaleza, creo que me pasó el gen silvestre.

19. Los días de otoño e invierno en los que hace sol y frío.

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20. La voz de Stephen Fry, incluso en Pocoyó… mmmh, vale, especialmente en Pocoyó.

21. Pasear con el Tonisito mientras arreglamos el mundo vehementemente.

22. Correr, ir en bicicleta o nadar y notar cómo se me van ordenando las ideas.

23. Los picnics.

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24. Los acentos británicos.

25. Observar a la gente en la calle para imaginarme qué es lo que han desayunado.

26. Este anuncio.

27. Los mirlos y los herrerillos.

28. Dormir.

29. Ir a ver pelis viejas al cine, bueno, ir al cine en general.

30. Cuando llegan los carretes revelados del laboratorio.

31. La risa floja que me da cuando me baño en el mar.

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32. Las plantas comestibles y lo bonitas que son para decorar.

33. Estar en casa.

34. Billy Wilder.

35. Tener invitados en casa, sacar la tetera de los domingos y preparar dulces para la ocasión.

36. Esta canción.

37. Ir de excursión, sobre todo con amigos.

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38. Ir "al cole", aprender cosas nuevas y hacer deberes (sí, soy una repelente)

39. Descubrir conexiones entre idiomas o culturas, lo que Ibán llama la "etimología casera comparada".

40. Las palabras Frühstück, gemütlich, soapy, cake y albóndiga.

41. Casi todo lo que tenga que ver con Nueva York.

42. Entrar en el estudio de yoga y salir oliendo a lavanda o incienso.

43. Las historias de Ariadna y Antonio.

44. Jugar.

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45. Mirar hacia arriba y ver ventanas iluminadas.

46. Ir a un local y pedir un "Apfelsaft naturtrüb gespritz mit Leitungswasser gross" para que me traigan un zumo de manzana.

47. Que me lleven.

48. El café y el chocolate, si son juntos, mejor.

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49. Hacer acrobacias con mi ahijado.

50. Dominguear como una dominguera profesional con calçotada, paella, vermut, helados, paseos y vaguear hasta asquearme. Si es en buena compañía, mejor.

Y ya. Y ahora, si queda alguien por aquí os voy a explicar eso de las comidas en solitario. Porque ahora que ya se ha acabado el febrero de coles en Una porción y media, con un montón de platos ricos y vistosos, empezamos el marzo de hojas verdes.

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Si queréis participar sólo tenéis que tomar una foto de vuestras comidas en solitario (con o sin hojas verdes), recordad que no valen desayunos ni cenas, y subirlas a Flickr, al grupo Una porción y media o a Instragram con el tag #unaporcionymedia y/o #marzodehojasverdes.

¡Feliz marzo!

viernes, 13 de febrero de 2015

No post today

Pues voy a seguir mi propio consejo y no decir nada cuando no tengo nada que decir. Eso sí, os voy a dejar ocupados, que yo no digo nada, pero hay muchos otros que dicen cosas la mar de interesantes. Por ejemplo Lusi en su bonito blog Dear Iris.

Lusi en su segundo Dear Food nos propone ir al mercado, agenciarse una calabaza bien maja y darse un homenaje como este:



Para que os entretengáis hasta que yo vuelva de esto:


La foto no es de archivo, no, es del baúl de los recuerdos, por allá en el Pleistoceno. Espero volver el lunes con carretes llenitos de fotos como ésta. :-)

¿Qué planes tenéis vosotros?

¡Feliz fin de semana!

domingo, 1 de febrero de 2015

¡Por fin! ¡La lombarda!

Febrero promete. Promete (más) invierno, días fríos de bizcochos y cafeteras y, sobre todo, parece que el año ya va empezando de verdad y muchos proyectos se van activando.

He tenido mucha suerte, porque Caterina me ha dejado meter cucharada en uno de sus proyectos más bonitos: Una porción y media. Es un proyecto de fotografía participativo, no competitivo y sencillo. Se trata de fotografiar esos platos que te sientas a comer cada día, muchas veces sin más compañía que el periódico. Se trata de hacer fotos sin grandes estilismos y sin grandes recetas, es el menú cotidiano, honesto, sin muchas pretensiones. Se trata de compartir esos platillos y tomar ideas de los demás, creando un poquito de comunidad.

A partir de febrero volvemos a ponerlo en marcha, este mes con un tema que creo que me va a ir de perlas para pillar ideas ;-), las coles:

Febrero de coles

Pasta con lombarda (¡por fin!) y pesto de sardinas, una receta que apenas es receta: una zanahoria, una chirivía y una rama de apio a dados, todo cocido, se añade lombarda a tiras y pasta corta, se acaba de hervir. Se tritura una lata de sardinas en aceite de oliva con piel y zumo de limón y algunas hierbas al gusto (perejil, cebollino…) se escurre la pasta y se sirve con el pesto de sardinas (al fin y al cabo, todo esto empezó con unas sardinas)

¿Cómo se puede participar?

1. Toma una foto sobre el tema que capte el espíritu del grupo.
2. Súbela a Flickr, al grupo "Una porción y media" o (esto es novedad) a Instagram con el tag #unaporcionymedia
3. Admira, comenta y apunta todas las ideas de los demás, porque nunca más vamos a tener que preguntar(nos) ¿qué cocino hoy? ;-)

¡Nos vemos por allí! ¿no?

martes, 16 de diciembre de 2014

Chiribitas y servilletas

Echo de menos los eventos blogueros. Esas reuniones virtuales de un montón de gente haciendo cosas juntos, participando, intercambiando, riendo y creando. Eran una oportunidad de conocer, de aprender y de imaginar. Por eso, cuando Paula nos presentó su calendario de Adviento participativo (¡vaya currada!) los ojos me hicieron chiribitas y las orejas palmas.

Para mi cumpleaños me regalaron un curso de costura online. Como soy una vaga no me da la vida para todo y las circunstancias no han sido las propicias, desde agosto hasta ahora sólo he conseguido hacer dos lecciones de susodicho curso: una bolsita que usé para envolver los regalos de unos amigos y unas servilletas que quería que formaran parte de un mini lote de Navidad para nuestros nuevos vecinos, a modo de disculpa por nuestros conciertos matutinos… ;-) ¡¡¡Unas servilletas!!!

¡Qué bonita coincidencia! La propuesta del calendario de Adviento de Paula y sus chicas para el día 16 era unas servilletas, así que aquí van las mías…

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La primera que hice fue siguiendo las indicaciones de la segunda lección del curso, pero estas dos de la foto las hice con este otro tutorial, para que las esquinas quedaran más pulidas. Las coloqué en una cesta de las que traen los champiñones del supermercado, les puse una bolsita con estos frutos secos y otra dentro de un vasito de papel con estas trufas y ya tenía el regalo montado.

Aquí os dejo la versión simplificada de la receta de las trufas, por si aún os da tiempo de que se cuelen en alguno de vuestros menús o regalos de estos días.

Trufas de avellanas

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Ingredientes (para una cantidad indecente de trufas)

un kilo de cobertura de chocolate del 40%
una naranja
500 ml de nata
una pizca de canela
250 gr de avellanas molidas
cacao amargo en polvo

Trocear la cobertura de chocolate y ponerla en un recipiente de vidrio. Hervir la nata con la piel de la naranja y la canela y dejarla reposar unos minutos, como una infusión. Volver a hervir la nata y colarla en el recipiente donde está el chocolate. Dejar reposar un par de minutos y remover hasta que el chocolate se haya fundido completamente, incorporar las avellanas molidas y dejar enfriar en la nevera. Cuando ya esté la masa fría, hacer bolitas y pasarlas por el cacao (intentando que no quede la mesa hecha un desastre, como la mía ;-)), colocarlas en el recipiente donde se van a servir y mantener en frío hasta el momento de servirlas.

Y con este detallito me despido de este año, que a partir de pasado mañana esto va a ser un no parar de comer, ir arriba y abajo, abrazar y besar… Como no creo que nos podamos ver antes del 2015 aprovecho para desearos ya unas muy felices fiestas y un año nuevo lleno de cosas buenas y bonitas.

¡Salud!

domingo, 14 de diciembre de 2014

Queridos Reyes Magos...

Este año me he portado regular. No he sido nada constante en el blog, he resultado ser bastante quejica, he perdido demasiado la paciencia y he comido demasiados bocadillos en vez de cocinar CDM (Como Dios Manda). Ya sé que cada año digo lo mismo, pero mi propósito de enmienda es serio. Estoy planeando algunos proyectos, que si supero mi timidez y mi pereza quizás hasta salgan adelante, ¡quién sabe!

Una cosa os aseguro, me he esforzado y me esforzaré mucho, cada día, cada hora, en hacerlo lo mejor posible, en ejercitar mi desgastado sentido del humor y en quejarme lo menos posible. Es por eso que os pido algunas cosillas, para mantenerme motivada en mis ganas de mejorar ;-)

Primero, quiero tener algo bonito para decorar mi espacio de trabajo, algo inspirador y que me de ganas de hacer cosas lindas, algo como los calendarios de Lusi.


Después, quiero continuar haciendo ganchillo, quiero aprender y dejar de hacer chapuzas, por eso os pido uno de estos cuencos de Verónica, para que no se me enrede la lana y tenga un lugar donde guardarla sin apelotonarla.


También me gustaría mejorar mi estilismo culinario, así que no estaría mal tener uno de los delicados paños de Caterina para que hagan de fondo de mis fotos.


Para todas estas cosas necesitaré una buena dosis de inspiración, así que por favor, me gustaría tener una inscripción al curso de Mónica, para pasearme con ella de la mano y poder abrir mejor los ojos a lo invisible.


No todo lo que pido es para mí, también quiero que traigáis cosas bonitas y únicas, como los abanicos de Karmele,


o los colgantes de Idni


a mis amigos más queridos, que me han aguantado este año pasado sin rechistar, para que sepan que son personas especiales para mí y que los necesito.

Sí, sí, ya sé que me ha salido una carta un poco larga, por eso os voy a regalar una receta para que podáis luciros estas fiestas. No os preocupéis, es muy fácil y resultona. Yo también la miraba de reojillo al principio, pero cuando la probé, me enamoré, y creo que repetiré en alguna ocasión más durante estas vacaciones.

Vasitos de crema de castañas y chocolate

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Ingredientes (para unas 10 porciones pequeñas de postre de comilona)

250 gr cobertura de chocolate 40%
250 ml de nata líquida
200 ml de leche
un huevo mediano
un tarro de unos 400 gr de puré de castañas azucarado (en este caso estaba aromatizado con vainilla)
250 ml de nata líquida (para decorar)

Trocear el chocolate y batir el huevo. Poner a cocer la nata con la leche, justo cuando empiece a hervir, parar el fuego y añadir un poco de este líquido al bol del huevo batido mientras se remueve sin parar. Añadir la mezcla con huevo a la cazuela, ponerlo en el fuego lo más bajo posible y remover continuamente. Cuando ya tenga textura de batido de leche, parar el fuego, añadir el chocolate troceado y dejarlo reposar unos minutos sin tocarlo. Batir todo bien, añadir el puré de castañas y seguir batiendo hasta que esté todo incorporado, sin grumos. Para ayudarse en esta tarea de dejar la crema sin grumos, yo usé la batidora eléctrica. Dejar enfriar en la nevera y servir en vasitos pequeños con un sombrerito de nata para decorar.

Es una crema que tiene una sorprendente textura de mousse. Las castañas se notan sin dominar demasiado, eso sí, las raciones tienen que ser moderadas, sobre todo si se sirve después de una cena de Nochebuena o una comilona de Navidad. No me digáis después que no estáis advertidos ;-)

Espero que disfrutéis mucho de este postre y si no os da tiempo a prepararlo, pasad por mi nevera, dejaré alguno para que recuperéis fuerzas la víspera de Reyes. Pasadlo bien, descansad todo lo que podáis y recibid un abrazote de vuestra,

Mar-Mota

domingo, 7 de diciembre de 2014

Felices coincidencias.

Un post con lista incluída ;-)

Te curras una escudella con caldo casero y esa misma noche bajan las temperaturas y es lo único que te apetece cenar.

Se te acaba el hilo de coser justo el domingo que sale el sol.

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Decides probar estas palomitas con chocolate y coser unas servilletas para regalar, cuando Paula anuncia este genial y participativo calendario de Adviento.

Pides un bocadillo y un café en tu panadería de cabecera y cuando te sientas ante la ventana para tomar el primer sorbo, empieza a diluviar.

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El día que decides preparar un chutney con tooodas las peras que se te están acumulando en el frutero, Heva publica uno de persimon y manzanas.

Y tirando de los hilos, descubres que tienes las mismas fuentes de inspiración que Montse.

¿Coincidencias?

viernes, 28 de noviembre de 2014

Todo empezó con unas sardinas

Todo empezó con estas sardinas, ahí fue donde tuve las primeras noticias de Caterina y desde entonces la sigo.
Todo empezó con un like, un share de una amiga de una amiga de Verónica y desde entonces la sigo.

Hace unos días casi un mes estuvimos en Barcelona y Tarragona y yo hice una ruta de inspiración. Fui con los ojos muy abiertos e intenté llevarme todo lo que pude en mis bolsillos, en forma de fotos, folletos o conversaciones.

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Una de las cosas que más ilusión me hacía de mi plan de inspiración era conocer a estas dos mujeres a las que tanto admiro. No sé por qué, pensé que este mercadillo se iba a celebrar entonces y me descubrí a mí misma imaginando incluso la ropa que me iba a poner para tal bonito evento. La decepción llegó cuando descubrí que no iba a poder ser, que el mercadillo de los gatetes no se celebraba en octubre, sino en noviembre y que para entonces yo ya estaría en Viena helándome de frío.

Así que vosotros que podéis, acercaos este fin de semana y disfrutadlo… ¡Ah! y dadles un abrazo a las dos de mi parte. Yo me conformo con incluir sus preciosidades en la carta a los Reyes Magos y con tomarme una porción y media de sopa de lentejas… con pan.

Sopa de lentejas especiada

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Ingredientes (para dos y medio)

una cucharada de aceite de coco
una cebolla picada
un diente de ajo
una lata de tomate triturado
una pizca de curry del bueno (o una combinación de vuestras especias favoritas: cúrcuma, canela, guindilla…)
una taza de lentejas rojas o amarillas peladas
una taza de leche de coco

Se hace un sofrito con la cebolla, el ajo y el tomate en el aceite de coco. Se añaden las especias y las lentejas y se le dan unas vueltas. se cubre todo con caldo vegetal o agua y la leche de coco y se deja cocer unos 10 minutos, o hasta que las lentejas estén tiernas, casi deshechas.

Se puede servir con arroz, pero últimamente la sirvo con pan para mojar.

¡Salud!

domingo, 13 de julio de 2014

Cicatrices

Cada trabajo tiene sus riesgos, sus accidentes y sus problemas de salud. Cuando trabajaba en la cafetería recuerdo que todas las que estábamos en la cocina acabábamos con unas quemaduras diagonales en la cara interna del antebrazo. Eran las quemaduras accidentales de sacar las bandejas del horno con los cantuccini, los panecillos de albahaca o la tarta de chocolate amargo y frambuesas.

El otro día me di cuenta de que ya no tengo esas cicatrices y por un momento me dio penita. Sí, me dio pena porque trabajar en esa cafetería era muy parecido a lo que describe Orangette sobre Boat Street en su último libro. Es un lugar personal y gemütlich. Un lugar que se parece más a una cena entre amigos, del tipo en las que la gente se reúne en la cocina a charlar y a tomarse un traguito, que a un restaurante. Un lugar donde reírse aunque se sude la gota gorda y donde una se siente que forma parte de una familia.

Echo de menos trabajar allí y lo mucho que aprendí, a pesar de lo duro que trabajábamos, a pesar del estrés que suponían las mañanas de los sábados y la maldita masa quebrada. Echo de menos preparar las jarras enormes de té del turno de mañana, el olor del café tostándose a última hora de la tarde, el glorioso momento en el que llegaban los jefes por la mañana y nos preparaban el primer capuccino y mojar un Salzstangerl en las sopas, sobre todo en las de base de patata.

Lo bueno de estas sopas es que son fáciles y dan mucho juego. Se prepara una base de sopa de patata (y en mi caso de calabacín) y cada día se puede cambiar el pesto que le pones, de manera que cada día tienes una crema de sabor distinto. Yo la he probado con pesto de albahaca, de rúcula e incluso de hojas de rábano.

Crema de patata, calabacín y pesto (inspirada en la que servíamos en el café 220 Grad)

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Ingredientes

una cebolla picada
aceite de oliva
dos o tres patatas medianas
dos calabacines medianos
sal y pimienta al gusto

Para el pesto

un puñado de albahaca fresca (o rúcula, o las hojas de un manojo de rabanitos)
aceite de oliva
un diente de ajo pequeño (opcional)
un puñado de parmesano rallado (opcional)
un puñado de piñones (opcional)

Se pocha la cebolla en un poco de aceite de oliva y una pizca de sal para que no se dore demasiado. Cuando ya está transparente se añaden las patatas peladas y troceadas y los calabacines troceados (a mí me gusta el colorcito verde que queda de los calabacines sin pelar, pero se puede pelar y dejar que sea el pesto el que de el color verde), se le dan unas vueltas, se cubre de agua y se deja cocer unos 15 minutos, o hasta que las patatas estén tiernas. Se deja enfriar un poco y se tritura.
Mientras, se trituran juntos todos los ingredientes para el pesto.
Se sirve un bol de la sopa con una cucharada del pesto.
En verano se puede servir fría de la nevera.

¡Salud!

domingo, 25 de mayo de 2014

Otro metapost

Hace unos días leí una reflexión que me hizo pensar en cómo blogueo, por qué, para quién… tuve una de esas tardes de grandes preguntas y (casi) ninguna respuesta para decidir hacer otro post de esos sobre mis posts.

Cada vez escribo menos a menudo, menos cantidad y menos recetas. Muchos posts parecen ser "de compromiso" pero no lo son. Son más sencillos, pero hay detrás el mismo cariño, la misma reflexión, incluso más que en otros posts de apariencia más sofisticada. Se me está volviendo el blog mucho más personal, y no me refiero a que la información que comparto sea más íntima, sino que cada vez las recetas, las fotos y las mini historias están más pensadas desde mi visión personal del mundo. Son una manera de recuperar el espíritu que me llevó a empezar a publicar: un diario para mí misma.

Tengo la impresión de que antes acumulaba recetas, cada día nuevas, de un blog, libro o revista nuevos y aunque sigo teniendo mis momentos de acumulación compulsiva de recetas, me lo estoy tomando con más calma. No busco nada nuevo cada día, repito las mismas recetas con pequeñas variaciones, intento aprender de ellas y no publicarlas en el blog para olvidarlas después. Tomo más notas (muchas veces mentales, como la que dice que en las mejores madalenas se olvida una de la piel de limón y añade piel de naranja) e intento mejorar. Digamos que me he pasado del blogueo extensivo al intensivo y en el proceso he encontrado mi Tarta de las Ocasiones Especiales. Sí, así, con mayúsculas.

Es un bizcocho adaptado de este libro (que es uno de los motivos secretos por los cuales tuve un hijo ;-P) y ha sido la base de la tarta que hice para un primer cumpleaños muy especial y para las monas de este año. Naturalmente cuando es una ocasión festiva, se decora con la trufa de la tieta Alba, pero en ocasiones más pedestres, se puede dejar el bizcocho sin decorar. El relleno de mascarpone y mermelada le da el toque cremoso sin ser tan pesado como la mantequilla batida. Eso sí, por propia experiencia sé que está más esponjoso hecho el mismo día que se va a comer y sin refrigerar, así que si se decora con trufa o nata, es mejor hacerlo en el último momento.

Bizcocho de las ocasiones especiales

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175 gr de mantequilla blanda
175 gr de azúcar
3 huevos batidos
una cucharadita de azúcar avainillado
175 gr harina
una cucharadita de polvos de hornear (Royal)
4 cucharadas de mermelada
250 gr de mascarpone
trufa o nata para decorar

Precalentar el horno a 180ºC, engrasar o forrar un molde redondo de base desmontable. Batir el azúcar con la mantequilla hasta que esté la mezcla cremosa, añadir los huevos uno a uno, batiendo después de añadir cada uno. Añadir el azúcar avainillado y volver a batir. Mezclar los polvos de hornear con la harina y luego añadir la mezcla de los sólidos a la de los líquidos y batir hasta que quede incorporado pero no más (dicen que el truco de un bizcocho esponjoso es no batir demasiado los ingredientes sólidos con los líquidos). Llenar el molde con la mezcla y hornear unos 20-25 minutos, hasta que un palillo salga limpio de restos crudos de masa al pincharlo en el centro del bizcocho.
Desmoldar el bizcocho y (si es una ocasión especial) pasar a rellenar: calentar la mermelada hasta que quede líquida y antes de que el bizcocho se enfríe del todo, se corta en dos mitades y se rellena con la mermelada. Cuando ya esté frío, se rellena con el mascarpone batido. Justo antes de servir, decorar con trufa o nata.

¡Salud!

domingo, 9 de febrero de 2014

Declaración de principios y finales

Creo que el año pasado felicité el Año Nuevo cuando empezaban las celebraciones del chino. Este año no llego ni a eso, pero tenía este post pendiente, el post de resumen del 2013: el año de no encontrar nunca las gafas, de cenas frías y desayunos demasiado calientes, de siestas llenas de actividad, el año de muchas fotos sin receta y muchas recetas sin foto.

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Tartas y refrescos que nunca llegaron a ver la luz.

He empezado nuevos proyectos, algunos muy personales, otros más publicables, que tienen que ver con cómo acabó el 2013.

Estoy fotografiando mi día a día en Instagram, inspirada en lo extraordinario de lo cotidiano de este vídeo y de esta colección de fotos.


Escenas cotidianas de la vida marmotil.

Acabé las 52 mañanitas. No es exactamente el proyecto que buscaba, pero bueno, pocas veces lo que una se imagina y fantasea se puede materializar realmente.

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la última mañanita de las 52, la primera del año, ¡Salud!

Como conseguí acabar las mañanitas, me he animado a fotografiar en analógico los 52 domingos del 2014, inspirada por estos camaradas, que ni siquiera son los mío y acompañada de él.

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El primer domingo de los 52, que era en realidad el segundo (ains)

En el blog estoy intentando ser más sistemática. Tengo muchas fotos de bizcochos misteriosos que ni siquiera recuerdo a qué sabían. Me cuesta mucho esfuerzo concentrarme en estas cosas y menos pensar en ordenar las recetas y las fotos, vivo distraída.

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Creo recordar vagamente el sabor a limón de este bizcocho, ¿alguien sabe la receta? ;-P

Después de participar en El Curso y empollarme El Libro, he decidido hacer como mínimo 12 panes. El primero, el de enero, sólo salió fotografiado en el teléfono, eso sí, tengo muchos apuntes y notas de qué es lo que hice, por qué y los resultados.


Mi primer pan del año, no era el que esperaba, pero fue muy bienvenido.

Este ha sido mi principio de año, caótico pero constante (me ha costado 10 minutos encontrar este adjetivo), espero que alguien siga aquí, porque yo sí que me voy a quedar un ratito más, de momento.



¡Salud!

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cocíname despacio...

Me han regalado el libro de Ibán Yarza, el gurú del pan casero. Una gozada de libro lleno de trucos, técnicas y recetas de pan para hacer en casa, con medios domésticos, sin florituras, con fotos preciosas y muy, muy didáctico. Como siempre, Ibán me inspira, me hace reflexionar y me vuelve a centrar en lo que quiero priorizar. Recuerdo una vez, cuando era una bloguera inexperta, escribió que si no se tiene tiempo, lo mejor es hacer un pan de masa madre, que fermente en frío y así el levado lento te deja margen para hacer otras cosas.

Las buenas enseñanzas se pueden aplicar a casi todo, así que ésta la estoy aplicando mucho últimamente, que tengo que priorizar ciertas tareas y dejo en segundo lugar otras que antes eran principales (lo que se llama habitualmente no tener tiempo). Por ejemplo, la fotografía. Ahora casi nunca hago fotos digitales, la mayoría son analógicas y tengo que esperar a completar el carrete y que me lo devuelvan revelado del laboratorio. Ese espacio de tiempo lo empleo en pensar los posts que acompañarán las fotos o a organizarlas mentalmente por proyectos o álbumes.

También uso el mismo principio en la cocina. No paro de meter de todo en el horno y así mientras se cocina no necesito estar pendiente, puedo dedicarme a otras tareas prioritarias como la construcción de altísimas torres, la lectura de "El pececito blanco" o a las persecuciones a gatas por el pasillo.

Volver a lo lento me ha dado mucho tiempo.

Tomates al horno

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un kilo de tomates troceados
un par de cebollas cortadas a láminas finas
tres o cuatro dientes de ajo pelados
un toque de orégano
un buen chorro de aceite de oliva
sal y pimienta al gusto

Se pone todo en una bandeja de horno, se mezcla bien, se mete en el horno a 200ºC y al cabo de media hora ya suele estar listo (dependerá de lo maduros y lo grandes que sean los tomates).

Nosotros los tomamos así tal cual acompañando couscous y garbanzos, o lo trituro todo y obtengo una salsa para acompañar hamburguesas, pasta o hacer un arroz a la cubana. Si se prefiere, también se puede usar de base para una sopa de tomate, simplemente se le añade caldo al gusto, se deja cocer unos minutos y se sirve con pan tostado.

Ahora que ya se ha acabado la temporada de tomates, hago lo mismo con calabaza, patatas, boniatos... en vez de orégano le añado tomillo o curry y así parece que cada día tengamos algo distinto para cenar ;-)

¡Salud!

sábado, 13 de julio de 2013

Almuerzo con...

... Heidi.

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Porque a pesar de lo raras que puedan sonar las combinaciones de ingredientes en sus recetas, esta mujer nunca me ha decepcionado y porque pocas cosas hay más gratificantes que poder comer cerezas a cucharadas, aunque se tengan que despepitar primero.

P.D. ¿Alguien más piensa que el suelo de la cocina está desaprovechado?

martes, 26 de marzo de 2013

Limpieza de primavera

Llega un momento, allá a mediados de marzo, en el que a media mañana empieza a entrar un rayito de sol en nuestra cuevita y nuestro rainbow maker entra en acción. Entonces nos invade la alegría y jugamos a cazar esos pequeños arcoíris que dan vueltas por la habitación... por unos momentos somos felices como lombrices. Entonces ese rayito de sol se para en un rincón y descubre el polvo acumulado durante el invierno y las ventanas se ven turbias. Así es como se origina la limpieza de primavera.
Este año, con nuestro macaquillo colgado del cuello, dicha limpieza está siendo un poco más lenta. Menos mal que tenemos a Baloo para marcarnos el ritmo...



y tenemos este bizcocho para merendar...

Bizcocho de plátano, chocolate y jengibre (adaptado del de Orangette, por cierto, me pido a su nena como nuera ;-))

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Ingredientes

85 gr. de mantequilla
una taza y media de harina
media taza de azúcar
una cucharadita de polvos de hornear
un pellizco de sal
una taza de "gotas" de chocolate
media taza de jengibre en almíbar picado
un huevo
dos plátanos maduros triturados
media taza de yogur

Precalentar el horno a 175ºC. Preparar un molde de bizcocho. Derretir la mantequilla y dejarla enfriar. En un bol grande mezclar la harina, azúcar, polvos de hornear, las "gotas" de chocolate y el jengibre. En otro bol batir el huevo, añadir los plátanos y el yogur y seguir batiendo. Mezclar los ingredientes sólidos con los líquidos e inmediatamente poner la mezcla en el molde y hornear de 50 minutos a una hora, hasta que al insertar un palillo éste salga limpio de masa cruda. Desmoldar y dejar enfriar antes de comerlo, o comerlo tibio, cuando las "gotas" de chocolate aún están derretidas.

Dejarlo en la mesa de la cocina para ir "picando" mientras se dejan libres los cristales y la luz vuelve a entrar en la habitación. ;-)

¡Salud!