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domingo, 5 de febrero de 2017

De vuelta al origen

Desde hace unos cinco años tengo más tendencia a cocinar los "grandes clásicos de la cocina de siempre". Al principio no era muy consciente, pero cada vez tengo más momentos "magdalena de Proust". Me debo de estar haciendo vieja y mi espíritu culinario aventurero se está volviendo casero o quizás sólo deseo que los marmotillos tengan una herencia gustativa parecida a la de mi propia infancia.

Es curioso cómo funciona la memoria. Ves algo que te recuerda a alguien o algo y el recuerdo viene tranquilo, poco a poco. Lees un pasaje que te recuerda a una situación y piensas en esa situación, quién estaba, cómo ibas vestida... pero con los sabores y los olores el recuerdo es hasta violento. No lo piensas, simplemente vuelves a estar allí, vuelves a tener ocho años y la boca llena de pan con tomate y atún, sin filtro, sin córtex frontal, directo a las tripas.

Primero fueron los panes de leche con jamón cocido, después los flanes de huevo, luego ya vinieron los buñuelos de bacalao y la definitiva ha sido que en la búsqueda del bizcocho de cumpleaños perfecto he acabado haciendo el bizcocho de yogur de toda la vida. Para el bizcocho tengo que preparar un post exclusivo (se lo merece), pero ahora quiero hablar de los buñuelos. No recordaba cuánto los echaba de menos hasta que los volví a comer, y aunque odio, odio, y requeteodio hacer fritos en casa (estoy puliendo el método para hacer carne y pescado empanado en el horno), siempre hay una excepción.

Buñuelos de bacalao

buñuelos

Ingredientes

400 gr de bacalao desalado y desmigado
3 huevos
una taza de café de harina
una taza de café de agua
dos cucharaditas de polvos de hornear
ajo y perejil picados
aceite para freír

Se mezclan todos los ingredientes hasta formar una masa y se deja reposar una media hora. Se fríen cucharaditas de masa en abundante aceite hirviendo hasta que estén hinchados y dorados. Dicen que ellos solitos se dan la vuelta cuando están listos, los míos no lo hacen... voy a tener que practicar más.

Esta es sólo una de las versiones que he hecho, pero me gustaría seguir investigando y experimentando. ¿Cuál es vuestra receta de buñuelos preferida? ¿Habéis intentado alguna vez hacerlos vegetarianos? Me los imagino con verduritas como calabacín o zanahoria... ¿Me ayudáis a perfeccionar la receta? ;-)

¡Salud!

domingo, 13 de julio de 2014

Cicatrices

Cada trabajo tiene sus riesgos, sus accidentes y sus problemas de salud. Cuando trabajaba en la cafetería recuerdo que todas las que estábamos en la cocina acabábamos con unas quemaduras diagonales en la cara interna del antebrazo. Eran las quemaduras accidentales de sacar las bandejas del horno con los cantuccini, los panecillos de albahaca o la tarta de chocolate amargo y frambuesas.

El otro día me di cuenta de que ya no tengo esas cicatrices y por un momento me dio penita. Sí, me dio pena porque trabajar en esa cafetería era muy parecido a lo que describe Orangette sobre Boat Street en su último libro. Es un lugar personal y gemütlich. Un lugar que se parece más a una cena entre amigos, del tipo en las que la gente se reúne en la cocina a charlar y a tomarse un traguito, que a un restaurante. Un lugar donde reírse aunque se sude la gota gorda y donde una se siente que forma parte de una familia.

Echo de menos trabajar allí y lo mucho que aprendí, a pesar de lo duro que trabajábamos, a pesar del estrés que suponían las mañanas de los sábados y la maldita masa quebrada. Echo de menos preparar las jarras enormes de té del turno de mañana, el olor del café tostándose a última hora de la tarde, el glorioso momento en el que llegaban los jefes por la mañana y nos preparaban el primer capuccino y mojar un Salzstangerl en las sopas, sobre todo en las de base de patata.

Lo bueno de estas sopas es que son fáciles y dan mucho juego. Se prepara una base de sopa de patata (y en mi caso de calabacín) y cada día se puede cambiar el pesto que le pones, de manera que cada día tienes una crema de sabor distinto. Yo la he probado con pesto de albahaca, de rúcula e incluso de hojas de rábano.

Crema de patata, calabacín y pesto (inspirada en la que servíamos en el café 220 Grad)

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Ingredientes

una cebolla picada
aceite de oliva
dos o tres patatas medianas
dos calabacines medianos
sal y pimienta al gusto

Para el pesto

un puñado de albahaca fresca (o rúcula, o las hojas de un manojo de rabanitos)
aceite de oliva
un diente de ajo pequeño (opcional)
un puñado de parmesano rallado (opcional)
un puñado de piñones (opcional)

Se pocha la cebolla en un poco de aceite de oliva y una pizca de sal para que no se dore demasiado. Cuando ya está transparente se añaden las patatas peladas y troceadas y los calabacines troceados (a mí me gusta el colorcito verde que queda de los calabacines sin pelar, pero se puede pelar y dejar que sea el pesto el que de el color verde), se le dan unas vueltas, se cubre de agua y se deja cocer unos 15 minutos, o hasta que las patatas estén tiernas. Se deja enfriar un poco y se tritura.
Mientras, se trituran juntos todos los ingredientes para el pesto.
Se sirve un bol de la sopa con una cucharada del pesto.
En verano se puede servir fría de la nevera.

¡Salud!

domingo, 9 de marzo de 2014

Me dijeron que las echaría de menos...

… y no les creí.

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Pero bueno, también me dijeron que Viena era una ciudad gris y nunca me avisaron del delicioso modo en que los vieneses dicen Melange (alargando una a nasal, imitando una especie de acento francés).

Untersberg

Y aunque, después de un año, a veces todavía busque en el horizonte la silueta del Untersberg nevado, sé que ahora estoy más lejos pero más cerca de los míos, que por fin tengo un barrio y una tribu, y que (por qué no) todo es mejor con bacon… ;-P

Aquí la prueba: pollo empanado con bacon.

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Tan simple, tan bueno: pasar por la picadora las migas de pan con un par de trozos de bacon antes de empanar con ellas la pechuga de pollo. Yo no vuelvo a hacerlo de otro modo.

¡Salud!


domingo, 30 de junio de 2013

Domingos

Hoy me ha dado cuenta de que llevamos muchos domingos sin tiempo para aburrirnos. O bien tenemos algún compromiso, hay que montar algún mueble o tenemos visitas que atender.

Cuando vienen visitas, me gusta hacer algo dulce. Al Tonisito no le gustan los dulces y el jefe aún no los puede comer, así que si hago un bizcocho, brioche, etc. me lo tengo que comer yo solita (no es por falta de ganas, pero tampoco es plan...), así que cuando viene alguien a visitarnos aprovecho. Esta primavera he hecho varias veces una receta de un rollo relleno. Es una receta rápida, fácil y muy vistosa, ideal para tenerla en la mesa en un tris.

Siempre que preparo este rollo me acuerdo de ese domingo de primavera en Bad Ischl, sentados en una terraza escuchando swing junto a un matrimonio de mediana edad que nos explicaron las maravillas culturales de ese pueblito del Salzkammergut. No sé cómo fue derivando la conversación, pero la señora nos comentó que muchas tardes, mientras su esposo hacía la siesta, ella preparaba esta receta para la merienda. Yo creí que exageraba, pero estaba en lo cierto, en menos de una hora tienes el postre en la mesa.

Rollo relleno

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Ingredientes

50 gr de almendras picadas
3 huevos medianos
100gr de azúcar
2 cucharas de postre de piel rallada de limón
una pizca de sal
120 gr de harina
1 cucharada de postre de Royal

Preparación:

Precalentar el horno a 210ºC. Se baten los huevos con el azúcar, la piel de limón y la sal hasta que estén espumosos. Se mezcla aparte la harina con el Royal, se tamiza y se añaden las almendras picadas. Se mezclan la mezcla de harina con la de huevos y se extiende sobre una bandeja de horno con papel (de unos 40x30 cm). Se hornea durante 7-10 minutos en la parte baja del horno. Cuando está listo el biscuit, se pone en un paño de cocina espolvoreado con azúcar y se enrolla sobre si mismo. Se deja enfriar. Mientras, se prepara el relleno deseado (fresas con nata, trufa y plátano, crema y frambuesas...)
Cuando el biscuit está frío, montar el rollo. Desenrollar el biscuit, extender el relleno, enrollar y decorar al gusto.

Se puede rellenar de lo que más apetezca. Para ocasiones primaverales, nada mejor que fresas con nata, para invitados extra-golosos, la magnífica trufa de la tieta Alba y trocitos de plátano es lo mejor.

¡Salud!