Tengo como objetivo no dejar nunca de sentarme en el suelo y para eso tengo que trabajar duro. Trabajar duro cuidándome, que cuando una ducha diaria me parece un reto, ya ni os hablo de ponerme crema en los codos o hacer algún estiramiento de vez en cuando. Trabajar duro para reducir el drama y jugar más, tomarme a mí misma y a los demás menos en serio. Y trabajar duro para simplificar, dejar estar lo que no se puede, no sentirme mal si el Capitán Pescanova viene a visitarnos de vez en cuando a la hora de la cena y buscar atajos para ganar en tiempo y sabor.
Caldo instantáneo casero

Picar o rallar (si es con un robotillo de cocina mejor, pero una picadora vale y un rallador de mano también, así haces bíceps) un kilo de verduras para el caldo (zanahorias, apio, nabo, chirivía, perejil...) y mezclarlas con 150 gramos de sal gruesa. Ponerlo todo bien apretado en un tarro de cristal limpio que cierre hermético en la nevera y ya está listo para usar.
Yo lo pongo en los sofritos, guisos o sopas, les da esa profundidad de sabor que no se consigue sólo con agua y he dejado de usar los caldos instantáneos comerciales, que siempre los he mirado con un poco de recelo. He ido probando la cantidad a usar y como es bastante salado y en casa somos más bien sosillos, uso sólo una cucharada colmada. De momento, parece que aguanta bien y aunque lo preparé antes de Navidad, aún no presenta síntomas de deterioro y sigue dando buenos resultados.
Y vosotros ¿Os hacéis propósitos cuando empieza el año? ¿Qué hacéis para simplificar vuestra vida? ¿Usáis atajos en la cocina?
¡Feliz año nuevo!













































