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lunes, 21 de marzo de 2011

Agridulce

Este año estoy tomando dos cursos de alemán y, aunque la gramática es casi la misma sólo que en diferentes niveles de profundidad, de una salgo llena de ideas y una gran sonrisa y de la otra salgo sin energía y con ganas de meterme en la cama el resto de la semana. Creo que tiene que ver con los profesores y cómo enfocan la clase. Veréis...

Llego el lunes por la mañana a la universidad y en la clase hay un tipo sonriente, con ojillos pequeños e irónicos y mejillas sonrosadas. El hombre, que parece haber salido de un cuento de los hermanos Grimm, hace una pequeña broma sobre el tiempo, todos nos reímos y empieza la lección. Hoy toca el condicional y nos propone una serie de divertidos dilemas morales que nos hacen discutir y reír: "¿Qué harías si... pudieras copiar en un examen sin ser pillado, ... pudieras vivir sin trabajar toda tu vida, etc.?" Cuando llega el final de la lección, estamos tan enfrascados en la discusión que el profe casi tiene que obligarnos a salir.

El viernes es muy distinto, al llegar a clase me encuentro con una especie de Pietà llorosa, con unos ojos enormes que caen cuando ladea la cabeza compungidamente. Bueno, me siento y abro el libro... ¡Anda!¡Qué casualidad! Aquí hoy también toca el condicional. Después de repasar el vocabulario de catástrofes naturales, nos ponemos al tema de gramática. Primero, para ir haciendo boca, un documental sobre el alcoholismo infantil en Austria, con entrevistas a padres e hijos afectados y debate con psiquiatra experto incluídos. Después, nuestro debate bajo el lema: "¿Qué harías tú si tu hijo de 12 años fuera alcohólico?" Casi no damos tiempo a que se acabe la hora que ya estamos todos preparados para salir huyendo de allí.

Así es que al final de la semana tengo una sensación como agridulce... ideal para estos rollitos orientales.

Rollitos agridulces

Sweet sour

Ingredientes (para 8 rollitos)

una cebolleta
un puñadito de hojas de lima o hierba de limón
un puñadito de cilantro fresco
una guindilla fresca
un chorrito de aceite
un chorrito de salsa de soja
unos 200 gramos de gambas de cóctel, ya cocidas
un aguacate
ocho láminas de papel de arroz

Para la salsa
el zumo de una lima
salsa de soja al gusto
una guindilla picada
una cucharada de azúcar (o al gusto)
cilantro fresco picado

Se trituran la cebolleta, las hojas de lima, el cilantro, la guindilla, el aceite y la salsa de soja hasta formar una pasta. Se mezclan en la pasta las gambas y el aguacate a trozos pequeños.
Se remojan las láminas de papel de arroz según el paquete y se rellenan con la mezcla de las gambas.

Para la salsa, se van mezclando los ingredientes y probándola hasta que esté al gusto del consumidor. Ha de tener un toque ácido pero dulce, como mis clases de alemán...

¡Salud!

lunes, 21 de junio de 2010

El cervantista de Salzburgo

Ya he explicado en otras ocasiones lo mucho que aprendo de mis alumnos. Pero es que a veces, no sólo aprendo mucho, además me maravillan.

Es el caso del cervantista salzburgués... os preguntaréis el porqué del artículo determinado... bueno, tengo la ligera sospecha de que él es el único cervantista del barrio :)

Nos conocimos una tarde de primavera y, a pesar de la temperatura agradable, él iba vestido con un jersey de manga larga con algunos agujeros mal disimulados en los codos. Tiene aire de sabio despistado, delgado, tiernamente desgarbado y con la mirada cansada de tenerla fija en los libros. Su español es deliciosamente caballeresco, como arcaico, y sus textos hablan con una pasión sorprendente sobre Cervantes y sus andanzas. Yo no tenía ni idea de que había cervantistas, de que había congresos de cervantistas y de que allí se discute vehementemente sobre si Cervantes sabía latín o no.

En fin, que para este personaje de ropajes sencillos pero de alma rica, llena de pasión y cultura, no podría cocinar nada más que las sopas de ajo de mi madre... y más en este "verano" frío y lluvioso que estamos teniendo.

Sopas de ajo de mi madre

sopas de cervantista

Ingredientes (para dos personas)

un buen chorro de aceite de oliva
8-10 dientes de ajo sin pelar y levemente machacados
pan seco cortado en sopas al gusto
dos huevos
un litro de agua (o caldo)

Se ponen los ajos a dorar en el aceite, cuando empiezan a dorarse, se añade el pan y se tuesta ligeramente. Se le añade el agua y se deja cocer unos minutos hasta que el pan quede al gusto. Al final de la cocción, se añaden los huevos sin batir y se remueven en el caldo hasta que estén cuajados.

Se sirve enseguida con un chato de vino para calentar una fría noche de verano ;) y para participar del HEMC 45, el de las recetas de nuestras madres.

¡Salud!

jueves, 30 de abril de 2009

Observando a los vecinos

No sé si son las buenas compañías o que cada vez me parezco más a mi padre, pero cada vez me gusta más observar a mis vecinos voladores (¡qué indiscreción por mi parte!)

¿carbonero?

Mientras me aseguro de que éste es un carbonero me dedico a mis platos de recolección primaveral, directos del campo a la tripa ;).

Pasta y judías verdes con pesto austríaco

pesto austriaco

Ingredientes (para dos)
unas cuantas patatas nuevas
un puñado de judías verdes (éstas son congeladas)
un puñado de macarrones o pasta corta
parmesano para servir

para el pesto...
un buen puñado de Bärlauch
un puñadito de semillas de calabaza
un buen chorro de aceite de oliva
un chorrito de aceite de pipas de calabaza
un poco de zumo de limón
sal al gusto

Se cortan a dados las patatas peladas y se ponen a cocer en abundante agua salada. Al cabo de unos 5-10 minutos, se añade a la olla las judías verdes (limpias y troceadas) y la pasta. Se deja cocer unos 10 minutos más.
Mientras, se prepara el pesto triturando todos los ingredientes del pesto juntos.
Cuando la pasta, las judías y las patatas estén cocidas, se escurre, se sirve con el pesto y muuucho parmesano rallado.

¡Salud!

domingo, 7 de diciembre de 2008

Hildegard

Hace tiempo que quería hablaros de ella. Se llama Hildegard y tiene un puesto en el mercado. Bueno, puesto... es un pequeño tablero donde expone sus productos caseros: pasteles, knödeln, huevos, topfen y hierbas aromáticas.
Es una señora mayor, alta y delgada que viste un pañuelo para tapar las canas y tiene la sonrisa más dulce de todo el mercado.

Cuando llega la primavera y no tenemos tiempo de ir a recoger Bärlauch, es a ella a quien se lo compramos y en invierno tiene unas nueces minúsculas y sabrosísimas.

Yo creo que es la reencarnación de la otra Hildegard, la abadesa pionera en la medicina y famosa por sus sopas, infusiones y ungüentos curativos. Lo veo en su mirada serena y la ternura de sus palabras cuando me da consejos, recetas o bonitos saludos.

Zimtsterne

La infusión de hoy es el Hildegard Harmonie-Tee (citronela, hinojo, escaramujo, trozos de membrillo, regaliz, anís, cilantro, galagant, trébol) y está acompañada de unas galletitas tradicionales de adviento sin colesterol y con muuuucho azúcar :), unas Zimtsterne caseritas, la receta, igual que el año pasado.

Importante: no se deben dejar las galletas sin tapar, que al día siguiente se quedan muy secas y duras, aix... lo mejor, una latita de esas con renos de colores.

¡Feliz merienda!

lunes, 13 de octubre de 2008

Gnädige Dame

De no ser por esta nueva improvisada profesión mía, nunca hubiera conocido a una auténtica dama salzburguesa. Ya sabéis, de esas que llevan capa de fieltro verde cuando refresca y que caminan como si llevaran un par de libros haciendo equilibrios sobre sus cabezas.

Gracias a mi trabajo un día llamé a la puerta de una mansión señorial en pleno Patrimonio de la Humanidad y entré cargando mis libros y cachivaches a una clara buhardilla decorada con un gusto exquisito. Me dio la bienvenida una dama rubia, delgada, no muy alta, de enormes ojos como extrañas almendras azules (de mujer fatal diría mi madre) y con una gracia natural que convierte en el no va más de la elegancia una pulsera hecha de estampillas de santos, el perfilador de labios o un chándal blanco.

Después de esa primera cita ha habido muchas otras y aunque siempre son tras una dura jornada laboral, ella lo da todo. Al premiar yo un acierto con un "Muy bien" ella me ofrece el espectáculo de su sonrisa orgullosa y la coqueta caída de sus infinitas pestañas.

Entre sus aficiones e intereses no hace falta comentar que se encuentran la música clásica y el teatro, las montañas y los lagos, el buen comer y beber, y la caza. Es por eso que quiero dedicarle el plato de hoy, en plenas Wildwochen. Porque me la imagino en una fría mañana de otoño vestida con capa y sombrero acechando a su presa entre la niebla, sin perder jamás su porte aristocrático, eso sí.

Hunter´s pie

Hunter's pie

Ingredientes (para 2/3 personas)

medio kilo de espalda de ciervo
un manojo de verduras para el caldo en dados
una cebolla en dados
una taza de vino tinto
una taza de agua
un par de enebrinas
un puñadito de granos de pimienta negra (para ver quién encuentra más en el plato)
verduras del cocido y una patata cocida
sal al gusto
un poco de mantequilla
parmesano rallado al gusto

Se precalienta el horno a 150ºC. Se sala la carne y dora por todos sus lados con un poco de aceite en una sartén que pueda ir al horno. Se retira y se añade al aceite las verduras, la cebolla y las especias, se dejan dorar un poco y se añade la carne, el vino y el agua. Se pone todo en el horno y se deja cocer lentamente unas dos horas/dos horas y media.
Se hace un puré con las verduras del cocido y la patata, se le mezcla la mantequilla.
Se trocea la carne del guiso y se reduce la salsa si necesario o si gusta. Se monta el pastel en una bandeja profunda para horno. Primero se extiende el guiso en el fondo de la bandeja y después se cubre con el puré de verduras. Se espolvorea con el parmesano y se gratina (si el gratinador funciona, claro, si es como el mío que ha decidido jubilarse sin pedir permiso pues sin gratinar y ya está).

Un truco para que la carne quede tierna y jugosa: el reposo. Montar el pastel y dejarlo enfriar hasta el día suiguiente. Entonces meterlo en el horno con gratinador una media horita y ¡manjar de dioses!

¡Salud!

martes, 1 de julio de 2008

Sabia y exótica

Siendo profesora de español se supone que mi trabajo consiste en enseñar pero en realidad aprendo muchísimo más de lo que enseño (que no se enteren en la escuela que aún me cobrarán ;)). Aprendo cosas sobre Austria y sus habitantes, aprendo cosas sobre mi propia cultura, aprendo a escuchar mi idioma con oídos extranjeros (con la infinidad de momentos Popeye(*) que eso provoca), incluso he aprendido nuevos puntos de vista sobre la vida.

La persona que más me enseñó en ésto último fue una mujer de mediana edad, con una larga melena negra, ropas de colores y unos enormes ojos redondos azulísimos y vivísimos que desprendían curiosidad por la vida a raudales.

Hacer clase con ella era una gozada. Nos juntábamos dos juguetonas irremediables y nos reíamos muchísimo. Nuestras conversaciones seguían siempre los mismos derroteros: la comida, recetas, restaurantes... aunque también hablábamos de viajes y otras maneras interesantes de pasar el tiempo.

Ella me enseñó valiosas lecciones que nunca olvidaré como que la familia Rivas no TIENE un perro, VIVE CON un perro... o que lo mejor es vestirse con túnicas africanas porque nunca pasan de moda y no se te quedan estrechas aunque comas mucho... o que la mejor manera de relajarse es apagar el televisor y salir al balcón a ver la puesta de sol.

Yo de mayor quiero ser como ella: sabia y exótica. En definitiva, como lo es este antiguo cereal americano.

Quinoa con verduras asadas


quinoa

Ingredientes (para uno)

media taza de quinoa lavada bajo el chorro de agua fría
un poco de pimiento asado troceado
un poco de berenjena asada troceada
un puñado de piñones
un ajo asado
aceite de oliva
zumo de limón
cebollino picado
sal y pimienta

Se cuece la quinoa como indica el paquete (en el mío no indicaba nada así que la cocí con abundante agua salada unos 15 minutos), se mezcla con los pimientos, la berenjena, el cebollino picado, los piñones y se aliña con una vinagreta hecha con la pulpa del ajo triturada, sal y pimienta, aceite y zumo de limón.

Si no se encuentra quinoa (lástima porque es muy rica y da mucha energía para el triunfo, toda una "super-food"), se puede usar bulgur, mijo, cous-cous, arroz, amaranto o trigo sarraceno (ATENCIÓN: si se usa bulgur o cous-cous, entonces deja de ser "sin gluten").

¡Salud!

(*) Un momento Popeye es el instante en que te das cuenta del origen o significado de una palabra. El nombre fue descubierto cuando me di cuenta de que Popeye es POP (del verbo to pop) y EYE en inglés. Suele ir acompañado de un enorme "¡Aaaaaaaah!" o "Ach sooooooooooo!"

miércoles, 30 de abril de 2008

Der Bergsteiger

Hace unos días me levanté con una nube sobre mi cabeza. A veces me pasa, no sólo hay nubes en el cielo, en mi humor también. Ese tipo de nube hace que se me trabe la lengua, se me taponen los oídos y mi escaso sentido de la orientación se vaya de vacaciones.

Buscaba yo con la cabeza gacha una parada de autobús por la Gaisbergstraße cuando me sorprendió un alegre Servus. Levanté la cabeza y vi a un hombrecillo mayor y sonrosado. Lucía un simpático sombrero al estilo regional y una sonrisa de sandía. "Gema g'mainsam auffi!", propuso con entusiasmo. Se refería a que subiéramos juntos a la Gaisberg. Entonces me di cuenta de que cuando vas con la cabeza gacha te pierdes el espectáculo de ver la Gaisberg levantándose orgullosa al final de la calle, entre las casas, recortada sobre el cielo gris.

Mantuvimos una breve conversación, él en dialecto cerrado, yo en mi alemán de Burgos. Después de obsequiarme con varios Prinzessin me acompañó a la parada de autobús.

Cuando se despidió, me hizo prometerle que cuando nos volviéramos a ver subiríamos juntos a la montaña. En ese momento sonreí, las nubes se marcharon de mi cabeza y del cielo también.

Desde entonces llevo siempre en el bolso un pequeño tupper con esta mezcla energética de frutos secos y especias, vaya a ser que me lo encuentre y no esté preparada para nuestra cita.

Frutos secos especiados (inspirados en la receta de Jane Clarke)



Ingredientes

unos 300 gramos de frutos secos variados crudos(avellanas, almendras y nueces pacanas)
unas ocho cucharadas de semillas variadas crudas(sésamo y calabaza)
un par de cucharadas de aceite vegetal
una cucharada de miel
una cucharadita de escamas de chile
una pizca de cilantro molido

Se mezcla todo de un bol y se tuesta en el horno a unos 200ºC hasta que está dorado, removiendo de vez en cuando para que quede uniforme. Se deja enfriar y se almacena en un tarro para cuando tienes una cita en la montaña, un picnic, un examen chungo o cualquier ocasión que requiera mucha energía.

¿Cuál es la ventaja de esta mezcla sobre las que venden ya preparadas? Puedes hacerla a tu gusto con los frutos secos, las semillas y las especias que prefieras, con o sin sal, con más o menos miel y además te aseguras de que no lleva aditivos :)

¡Salud!

jueves, 7 de febrero de 2008

Don Juan de antaño

El café es sagrado para los austríacos, tiene todo su ritual, y no vale ir a "echar un cafelote rápido". Cafés en Salzburgo hay muchos, desde el elegante Sacher (donde sirven la auténtica tarta, sí, sí... la Sacher) hasta el moderno Capp&cino.

Además del Sacher, otro café con mucha solera en la ciudad es el Café Bazar. Dejar pasar una tarde de domingo en el Bazar suele ser una experiencia. Te sientas en una mesita de mármol, lees detenidamente la carta de cafés y eliges. Al cabo de un buen rato (no hay prisas) llega el camarero y te ofrece "Etwas Süßes dazu?". Naturalmente, picas y pides un trozo de tarta (la de plátano y chocolate casi me hace perder el sentido). Entonces el tiempo se para. Hojeas el periódico, alguna revista y paseas la mirada por el resto de la sala observando a los habituales.

Está aquella señora con el jersey de leopardo, pintada con una gruesa capa de rimmel y rouge. También hay la típica pareja de novios, ante sendos chocolates con nata, echándose miraditas pícaras. Los viejecitos que ya debían estar cuando inauguraron el local (hacia finales del siglo XIX) y siempre se piden su Melange... Y al fondo, sentado en su mesita, sorbiendo su Verlängerter (café de filtro largo) está mi personaje favorito.



Es un hombre de unos 70 años, pequeño, vestido con la sencilla y pulcra elegancia de los mayores. A simple vista no lo aparenta, pero en realidad es un Don Juan.

Una vez había dos chicas jóvenes sentadas en la mesa de su lado. Ellas pagaron sus consumiciones y se dispusieron a calzarse sus abrigos cuando él alzó la mirada. En ese momento, con esa rancia caballerosidad imperial que gastan los austríacos en ocasiones, les dijo sonriendo "Verlassen mich schon die junge Damen?" (¿Las jóvenes damas me van a abandonar?). El efecto fue inmediato y las damas en cuestión soltaron una risita entre halagada y nerviosa.

Me pareció un golpe tan elegante y tierno que desde entonces lo miro como el Don Juan que seguramente fue. Me encantaría que alguna vez me contara sus andanzas como conquistador, dejando fundir una tarde de domingo degustando un Kleiner Brauner (café pequeño con nata) y un bizcocho como éste que, por cierto, pongo a disposición del HEMC, servidora de ustedes y de Mercedes (que ha escogido el tema del mes)

Bizcocho mediterráneo de antaño (inspirado en la receta de Casa Moro y hecho según las normas de antaño de Ibán, sin chocolate ni productos del Nuevo Mundo)



Ingredientes

125 ml. de aceite de oliva (más extra para untar el molde)
100 gr. de miel
4 huevos separados.
150 gr. de almendras molidas
100 gr. de harina de trigo tamizada (más extra para espolvorear en el molde)
una pizca de sal
almendras fileteadas para decorar

Se precalienta el horno a 180ºC. Se prepara un molde para horno con aceite y harina, o papel de horno. Se mezcla el aceite con la miel y las yemas de los huevos. Se mezclan la harina y las almendras molidas. Se baten las claras con la pizca de sal a punto de nieve. Se junta la mezcla de harina con la mezcla de aceite. Entonces, se incorporan las claras con cuidado para que no se bajen. Se echa en el molde, se espolvorea con almendras laminadas y se hornea unos 30 minutos.

Estoy muy orgullosa de este bizcocho porque aunque está inspirado en una receta de un libro, le he cambiado tantas cosas (azúcar por miel, menos almendras, menos aceite, un molde más alto, más tiempo de cocción...) que la he hecho mía completamente. Es increíblemente esponjoso para ser que no lleva impulsor y no es demasiado dulce, los golosos siempre pueden añadir más miel o azúcar. ¡El sabor del aceite de oliva es increíble!

Espero que a mi conquistador le gusten estos sabores tan mediterráneos.
¡Salud!