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martes, 28 de agosto de 2018

12 pequeños cambios: on the road

Llega un momento a mitades de agosto que se puede oler el otoño. Da igual que estemos a 35 grados, las avispas empiezan a ponerse más pesadas de lo habitual, los atardeceres tienen ese tono naranja tan especial y tienes que encender la luz a la hora de cenar. Ya sé que a la mayoría os van a dar picores cuando leáis esto, pero aquí, en cuanto se acerca un mes con erre en su nombre se acabó el irse a bañar y el achicharrarse. Es en estos días cuando empiezo a prepararme para el otoño, tengo una lista de cosas que hacer: remendar el abrigo de lana verde, hacer el cambio de ropa, reparar la tetera que se rompió, preparar el horno y la calefacción... y este año también quiero volver a ir en bici regularmente.

El cambio que nos proponíamos en agosto era precisamente reflexionar sobre movilidad y cambiar nuestra manera de transportarnos para hacerla más sostenible. Transporte necesitamos todos, de eso no nos escapamos, y todo el transporte gasta energía y crea residuos, pero con un poquito de cuidado podemos reducir mucho esos residuos. La verdad es que hay muchas posibilidades en este tema, por ejemplo, intentar usar el avión lo menos posible (es de lejos el transporte más contaminante) pero yo me voy a centrar en hacer apología de la bicicleta.



Tengo la suerte de vivir en una ciudad donde no necesitamos coche en absoluto y donde tanto el transporte público como las infraestructuras para ir en bicicleta son bastante envidiables. En Viena el transporte público es tan bueno que la gente no va tanto en bicicleta como en otras capitales europeas, pero aún así, sobre todo los días que sale el sol, hay hasta colas en los carriles-bici.

A pesar de todo eso, de no tener ni necesitar coche y de tener bici propia y una red de carriles estupenda todavía soy una ciclista dominguera. Durante la semana todavía no me atrevo a ir en bicicleta por la ciudad, me da miedo. Temo a los coches y los autobuses, temo no tener claras las direcciones donde ir, perderme y aparecer en medio de una calle de cuatro carriles rodeada de camionazos (creedme, me ha pasado)... Los fines de semana todo eso mejora porque el tráfico es mucho más relajado y porque siempre voy en convoy con el resto de la familia y puedo relajarme y disfrutar del paseo.



Pero bueno, vamos a lo de hacer apología. La agencia municipal de la bicicleta aquí en Viena tiene un lema que me encanta "¿Por qué no vas en bici?". Me gusta porque implica que lo raro es el no ir en bici. Yo ya he explicado un poco mis dificultades, pero ahora voy a decir que ir en bici me encanta. Me encanta la sensación de atravesar la ciudad hasta las playas del Danubio sin tener casi que compartir carril con vehículos de motor, me encanta soltar los frenos en alguna bajada y recordar cuando tenía 10 años, me encanta dar la vuelta al Ring bajo los árboles y pillar la velocidad justa para pillar todos los semáforos de la Praterstrasse en verde.

La verdad es que es un auténtico placer y quiero hacerlo más a menudo. Ya que agosto me lo he saltado, voy a pasar directamente a septiembre y voy a empezar a subir en bici en trayectos cortos por el barrio cuando vaya yo sola (acercarme al colmado, a clase de yoga o a fisioterapia), a ver si poco a poco me animo y voy aumentando mi repertorio de trayectos sobre dos ruedas.

¿Has viajado mucho estas vacaciones? ¿Cómo lo has hecho? ¿Has tomado un avión? (yo cada vez que tengo que volar tengo remordimientos) ¿Te planteas hacer más sostenible tu viaje al trabajo, a la uni, a la escuela, al mercado? ¿Eres una ciclista habitual? ¿Qué te ayuda a superar el miedo y la pereza de ir en bicicleta? ¡Me encantará comentar con vosotras! Por aquí, por allá o por donde sea :-)

¡Salud!

jueves, 17 de agosto de 2017

Gracias

Llevo un diario de agradecimientos. Dicen que es bueno para la salud mental y para reparar el pesimismo, así que cada día apunto en mi agenda cuatro o cinco cosas que hacen que se me esponje el corazón. Hay días que cuesta encontrar algo que escribir, otros cuesta mucho y otros, como aquel fin de semana de principios de verano (o finales de primavera), se acumulan tantas cosas que se te convierten en un post.



Doy gracias por las montañas, el amarillo, los cielos cuajados de estrellas y el Alpenglühen.



Doy gracias por los Kasnocken, los huevos fritos para desayunar, las salchichas asándose en palos y los plátanos rellenos de chocolate en la hoguera.



Doy gracias por los murciélagos, las pieles de serpiente escondidas en la leña, las Erdbienen, los berridos de los ciervos, los gritos de los halcones, las madrigueras de tejones, las ardillas, los escarabajos y los abejorros.



Doy gracias por las hamacas con overbooking, los columpios de mosquetones y cuerdas, el escondite, las croquetas en el prado y los Maipfeiferl.

Doy gracias por el agua de manantial, la cocina de leña y las canciones de Die Toten Hosen de madrugada.



Doy gracias de que aún existan lugares como este, en donde poder aterrizar, darte cuenta de lo sencillas que pueden ser las cosas, de que comodidades como la electricidad o el agua caliente se dan por supuestas cuando en realidad son un auténtico lujo, y de lo generosa que es la naturaleza y de cómo abusamos de ella.

¡Salud!

domingo, 30 de octubre de 2016

La bici mágica

No os voy a engañar, a veces en casa marmota no son todo flors i violes. A veces, muchas de esas veces en sábado (ves a saber por qué), nos levantamos de mal humor, cansados y con ganas de volvernos a la cama para quedarnos. En vez de eso, hacemos un esfuerzo (a veces muy grande), intentamos mantener la calma todo lo que podemos (casi sin llorar) y empaquetamos como locos. Empaquetamos tuppers, recambios, pelotas, mantas, marmotillos y ganas en el remolque, nos subimos a la bici, paramos a por el pan y a medida que vamos pedaleando se nos va relajando el ceño fruncido, se nos comban los labios y se nos afloja la mandíbula.

magic bike

En verano bajamos al río a espantar cisnes, ahora en otoño subimos a los bosques a esquivar ardillas, pero siempre, siempre, empaquetamos un gran cuenco de ensalada. De búlgur, lentejas, pepino, tomate y feta... de patata, atún, cebolleta y tomatitos cherry... de verduras asadas, couscous, aceitunas y albahaca... Son combinaciones sencillas, de lo que tenemos por casa o de lo que nos ha sobrado de la cena, son siempre únicas, irrepetibles, porque casi nunca están los mismos ingredientes disponibles y supongo que eso las hace aún más especiales, más sabrosas aún de lo que son.

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O quizás sea sólo el aire fresco, ver a una ardilla caer casi en tu tortilla de patata, respirar la calma de algún árbol centenario y la ilusión de tomarse un café con leche del termo en taza de latón, que nos abren el apetito.

¡Salud!

domingo, 22 de marzo de 2015

Gemütlich

Ya escribí antes un post con este título, pero trataba de lugares y en este de hoy quería hablar de personas. De personas que son gemütlich.

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Seguro que conocéis la sensación de llegar a casa por la noche, quitarse las botas y ponerse las pantuflas. Así te hacen sentir las personas gemütlich. Esas con las que pasar tiempo con ellas es cómodo, con las que puedes ir en pijama y sin peinar. Esas con las que sientes que puedes ser tú de verdad, sin temor a ser juzgada, a recibir caras "WTF!" o sermones de lo que es mejor para ti.

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Con las personas gemütlich, también conocidas como las personas-pantufla, todo parece natural y fluye. No sé si es que cada vez soy más exigente, pero cada vez me cuesta más encontrar personas así y cuando lo hago, me siento muy, muy afortunada.

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¡Salud!

domingo, 5 de agosto de 2012

Como en casa

Estuve de vacaciones y me sentí como en casa.

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Ensaladilla para comer, a la sombra de las parras.

Water melon for dessert...
Sandía de postre.

Después, en casa, cuando llegaron las fotos del laboratorio, volví a sentirme de vacaciones otra vez. :-)

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cosas que aprendí en Viena (III)

A veces se tiene que escoger entre vivir la vida o fotografiarla, o lo que es lo mismo, no se puede estar en misa y repicando. Muchos momentos geniales de nuestro viaje a Viena los he podido registrar en mi diario de viaje fotográfico, pero la sonrisa más bonita de Viena, los juegos más divertidos y las conversaciones más interesantes (ante un plato de hummus o un bocadillo de pollo volador) simplemente los he disfrutado.

Hay momentos en los que expresamente dejo mi cámara a un lado y pongo todos mis sentidos en el aquí y ahora, como cuando me siento en un pequeño local que pasa casi desapercibido en compañía inmejorable ante una cena reparadora con la que soñaba desde hace tiempo.

Hace tiempo que me di cuenta de que la combinación de sushi y ensalada me iba genial para ver desaparecer el cansancio de turistear por una ciudad, devolverme el buen humor y no necesitar una siesta, así que cuando vi la ensalada-sushi que me sirvieron en el pequeño bar Suk fui literalmente feliz: arroz pegajoso y aún tibio, lonchas carnosas de pescado y verduritas crujientes. La salsa picante estilo ketchup estaba buena, pero no me acabó de convencer, por eso en mi versión la he cambiado por una vinagreta más a mi gusto.

Aviso que esta ensalada-sushi está llenita de ingredientes rarunos (¡qué novedad! jajajaja), pero os prometo que vale la pena una excursioncilla al supermercado oriental o a la sección de exóticos. Además, el resultado mejora una barbaridad cuando uno se pone en modo "pongo-atención-a-los-detalles-y-lo-preparo-todo-con-cariño" ;-) Si la probáis, ya me diréis...

Ensalada-sushi



Ingredientes (para dos)

250 gr. de arroz para sushi
medio calabacín verde y medio amarillo (o uno pequeño)
una zanahoria
medio aguacate
zumo de limón
un filete de atún y otro de salmón, sin espinas ni piel

para la vinagreta:
media cucharadita de pasta de wasabi
unas gotas de aceite de sésamo
tres cucharadas de aceite de sabor neutro
tres cucharadas de salsa de soja
una cucharada de vinagre de vino de arroz
una cucharadita de azúcar

para decorar:
una lámina de alga nori
un puñado de semillas de sésamo tostadas
mezcla de especias shichimi togarashi al gusto

Se cuece el arroz de sushi como indique el paquete, yo lo hice como indica este libro. Mientras se deja enfriar el arroz, se cortan las verduras a bastoncitos de unos 3 ó 4 centímetros de longitud y un par de milímetros de grosor. Se riega el aguacate con limón para que no se ennegrezca. Se corta el pescado a láminas (yo lo corté en cuadrados de unos 3 ó 4 centímetros de lado). Preparar la vinagreta mezclando bien todos los ingredientes y montar el plato.
En cuencos se pone el arroz enfriado (a mí me gusta un poco tibio), se añade un poco de la vinagreta y se colocan primorosamente las verduritas y el pescado encima. Se decora con el alga nori bien picada, sésamo tostado y la mezcla de especias shichimi togarashi (de la cual soy totalmente adicta) al gusto. Se sirve con el resto de la vinagreta, salsa de soja y las especias para que cada cual lo sazone a su gusto.

El día que la hice en casa eché de menos haber preparado un té verde para acompañarla, así que la próxima vez que la haga me voy a preparar el té verde con arroz tostado que siempre me pido cuando voy a comer sushi.

Hoy es primero de septiembre, así que es el momento de acabar los proyectos de verano y empezar con los de otoño. Hoy se cierran en La Vuelta a Mundo los cuadernos de viaje y próximamente os explico más sobre lo que planeo este otoño. ¿A vosotros, qué os gustaría hacer?

¡Salud!

lunes, 22 de agosto de 2011

Cosas que aprendí en Viena (II)

Mi diario de viaje en imágenes sigue creciendo y yo sigo recordando todo lo que aprendí en Viena...
Si se tiene que escoger un lugar para comer, mejor escoger el que tiene la carta más corta y la pizarra más grande y si es en un mercado, mejor que mejor.
Si además se está en un barrio interesante, nunca se debe posponer hacer la foto deseada, la oportunidad puede que se escape y no vuelva.
Y que el mulligatawny también puede resultar como almuerzo de un día tibio de verano.

Mulligatawny a la Arantza con el toque de Leopoldstadt



Ingredientes (para tres o cuatro)

una cebolla pequeña
cuatro dientes de ajo
un tomate grande
un boniato
una zanahoria
un bulbo de hinojo
un pulgar de jengibre rallado
una cucharadita de comino
una cucharadita de cúrcuma
una cucharadita de garam masala
media cucharadita de cayena
una taza de lentejas rojas
caldo de verduras
un puñado de acelgas
media taza de leche de coco
una manzana, zumo de limón y cilantro fresco al gusto

Se pican las verduras y se ponen a rehogar en una cazuela o olla. Una vez empiezan a estar blanditas, se añaden las especias y en un par de minutos se añaden las lentejas y el caldo de verduras. Se deja cocer unos 15 minutos y entonces se añaden las acelgas picadas y la leche de coco, se deja cocer unos cinco minutos más. Para servir, se le añaden la manzana picada, zumo de limon y el cilantro fresco. Se puede acompañar de pan (como en Leopoldstadt) o con arroz (como en "casa Marmota").

¡Salud!

P.D. Aún me quedan algunos aprendizajes más...

lunes, 15 de agosto de 2011

Cosas que aprendí en Viena (I)

Si se quiere hacer algo bien, hay que centrarse, o lo que es lo mismo, "quien mucho abarca, poco aprieta".

Si una va por una ciudad interesante con tres cámaras distintas y cuatro proyectos fotográficos en mente no se saca nada decente (y se suda una barbaridad). Hay que apostar por algo y concentrarse. Así es como decidí dejar la cámara digital en casa y dedicarme sólo a fotografiar Viena con la Retinette de mi madre (aquí se pueden ver algunas fotos que voy publicando poco a poco). No sé si salieron mejores que con la digital, pero mi satisfacción sí que creció, que es lo que cuenta.

Por lo mismo, les tengo mucha simpatía a los locales que apuestan por un producto y se dedican a fondo, como la pequeña cafetería en Viena Corns n'Pops, en la que se sirve muesli y poca cosa más. ¿Qué mejor para el desayuno?

Muesli de rosas (inspirado en el de Corns n'Pops)

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Ingredientes (para uno)

media taza de copos de cereales variados
media taza de frutas tropicales secas y nueces variadas (aunque con un tipo ya saldría bien)
yogur al gusto
un melocotón (nectarina o cualquier fruta que apetezca)
un chorrito de agua de rosas
una pizca de cardamomo en polvo
una cucharadita de miel

Se ponen los cereales a ablandar con media taza de agua una hora (si es para el desayuno se pueden poner por la noche). Se trocea la fruta y se mezcla con el resto de ingredientes.
Yo lo decoré con rosas secas para té y lo acompañé de un té de rosas y cardamomo con otro chorrito de agua de rosas.

¡Salud!

P.D. Próximamente más aprendizajes vieneses.

martes, 19 de abril de 2011

Sopa mágica

El sábado pasado fuimos a un lugar mágico...

Wiestal

... recolectamos hierbas primaverales...

die Kräuter

... y nos convertimos en druidas para preparar una sopa muy especial típica de Gründonnerstag (jueves verde, es decir, jueves santo).

Zwiebel Kartoffeln rein!
Kräuter rein! die Suppe

¡Ya estoy deseando volver a salir de recolección!¡Salud!

domingo, 7 de noviembre de 2010

Guess!!!

Adivina, adivinanza... ¿dónde estuve el fin de semana pasado?

Es una ciudad con sinagogas pero no es Jerusalem.

Sinagoga

Uno de los estilos arquitectónicos que predomina es el modernismo pero no es Barcelona.

Jugendstyl

Tiene un puente famoso pero no es San Francisco.

Bridge

Sus cafés tienen mucha tradición pero no es Viena.

Central

Su parlamento es muy fotografiado pero no es Londres.

Parlament

Todavía circulan Trabants por sus calles pero no es Berlín.

Trabant

Además, te puedes traer de recuerdo impronunciables requesón y nata agria (¡20%!) para preparar un desayuno como éste...

Tehéntúró & Tejföl

La receta es ésta, sin leche y con una par de cucharaditas de azúcar. En vez de fresas, frambuesas y nata agria :-)

¡Salud!

lunes, 6 de septiembre de 2010

Hellbrunn

Este domingo hemos ido de excursión a Hellbrunn, uno de los parques cercanos a Salzburgo. Es uno de mis parques preferidos porque Hellbrunn significa...

un paseo en bici,...

bike

un hermoso camino,...

the path

relax,...

relax!

diversión segura...

fun!

y ¡cómo no! ¡¡¡Un picnic!!!

picnic

Gelatina de cava y frambuesas (inspirada en una receta de Jamie Oliver)

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Ingredientes (para dos)

un benjamín de cava (si se hace para niños, se puede sustituir por zumo o alguna bebida refrescante)
dos cucharadas de sirope de saúco (se puede sustituir por el sirope que se quiera o simplemente por un almíbar hecho con azúcar y agua)
tres hojas de gelatina
dos puñados de frambuesas

Poner las frambuesas en dos tarros (si se quieren llevar de picnic es mejor que cierren bien) y poner los tarros en la nevera.
Deshacer a fuego muy flojito el sirope con la gelatina, procurando que no hierva, si hierve, la gelatina se estropea. Dejar enfriar bien. Cuando ya esté frío, mezclar con el cava bien frío y echar encima de las frambuesas. Dejar reposar en la nevera mínimo una hora (o hasta que cuaje) y ¡a disfrutar!

Esta receta la hemos disfrutado al aire libre, es muy refrescante y si los ingredientes están suficientemente fríos, las burbujitas del cava quedan en la gelatina y pican en la lengua :)

Me ha gustado tanto, que voy a enviarla a participar del HEMC de las gelatinas.

¡Salud!

jueves, 17 de diciembre de 2009

Sueños

Interrumpimos un momento los ensayos navideños para hablar de los sueños navideños, entre otros, el de convertirse en un calendario de Adviento gigante, gracias a Noema :)



Creo que he tenido un sueño. Desde mi ventana, en vez de los arcos habituales se veían edificios muy altos.

second date, the second

Por la calle no había garitos de Käsekrainer, había carritos de hot dogs.

El árbol de Navidad de la Residenzplatz se había convertido en un gigante iluminado.

Y los mercados de Navidad ya no ofrecían Glühwein ni Lebkuchen, ofrecían mulled cider y gingerbread cookies.

Aquí va mi versión de ambas...

adviento 17

Mulled Cider
Ingredientes
(para cuatro tazas)

1 litro de zumo de manzana (a mí personalmente me gusta el que no está filtrado y tiene una pinta más nebulosa que cristalina)
unas cuantas bayas de pimienta de jamaica
unas cuantas capsulitas de cardamomo un poco rotas
una ramita de canela
una piel de mandarina (o de naranja)

Se ponen las especias en una bolsita de prepearar té o directamente en una cacerola con el zumo. Se calienta el zumo a fuego medio sin que llegue a hervir y se dejan infusionar las especias. Se descarta la bolsita de té o se cuela la sidra, se sirve calentito con canela en polvo extra, un poco de azúcar si sois muy golosos, o un chorrito de ron si tenéis mucho frío ;)


Gingerbread cookies
Ingredientes
400gr. de harina
una pizca de sal
una cucharadita de café de bicarbonato
2 cucharaditas de café de jengibre en polvo
una cucharadita de café de canela en polvo
una pizca de nuez moscada
una pizca de clavo en polvo
125 gr. de mantequilla blanda
100 gr. de azúcar de repostería
un huevo grande
150 ml de jarabe de arce (o melaza, o miel)

Se mezclan todos los ingredientes secos (harina, sal, bicarbonato y especias) en un bol.
Se bate bien la mantequilla con el azúcar hasta que quede cremosa, se le añade el huevo y el jarabe de arce y se mezcla bien.
Se añaden los ingredientes secos hasta formar una masa homogénea. Se envuelve con plástico y se deja reposar en la nevera mínimo 2 horas.
Se precalienta el horno a 180ºC. Mientras, se estira la masa con un rodillo hasta que quede una plancha de un grosor de aproximadamente 5 mm. Se cortan las galletas con vuestras formas de Navidad preferidas (éstas son árboles de Navidad para el día y estrellitas para la noche, jejeje).
Se prepara una bandeja de horno con una hoja de papel de horno y se colocan encima las galletas con una separación de un par de dedos entre ellas. Se cuecen en el horno de 10 a 15 minutos (según lo grandes que sean las galletas, el temperamento del horno, lo doraditas que gusten...), se dejan enfriar sobre una rejilla y en cuestión de unos 10 minutillos más ya se les puede hincar el diente.
Recién hechas son blanditas y a medida que pasan los días son más "crujientes". Están riquísimas y desprenden un delicado olorcillo a jarabe de arce y especias que es mejor que un villancico.

Menos mal que las fotos en mi retina y el olor especiado en mi pituitaria me recuerdan que todo ha sido verdad.

¡Feliz calendario de adviento!

Y para seguir soñando...

domingo, 6 de diciembre de 2009

Disculpen la molestia

Disculpen, pero tenía una cita ineludible.

second date

Una segunda cita con alguien muy especial para comer tarta de calabaza.

¡Salud!

viernes, 6 de noviembre de 2009

Vedettes

En esta época no se va al monte, se va al teatro.
Se entra en la oscuridad del patio de butacas y se oye la música...



y los focos iluminan a las vedettes...

vedettes

vedettes

¡Lástima que el pan de uvas del Jause nos saliera una simple corista!

corista

Creo que el problema fue una fermentación demasiado larga y una harina no demasiado buena. ¡Ya lo sé para la próxima!

¡Feliz fin de semana!

martes, 29 de septiembre de 2009

Por el camino

¿No os ha pasado nunca que el camino es tan bonito que le resta importancia al destino al que ibais?

Este fin de semana fuimos al Parque Nacional Kalkalpen para oír a los ciervos desprendiendo toda su energía masculina. Pero por el camino...

...caminamos por el bosque saludando a las ranas y las setas...

Kalkenalpen

... estuvimos en una cabaña que hacía que dentro de mi cabeza sonara esta música...

Hütte

... conocimos a las salamandras alpinas, vimos una salida de luna espectacular y volvimos a celebrar...

lluna

... nos comimos unos Kasnockn hechos en la cocina de leña...

Kasnockn

y disfrutamos de una sobremesa deliciosa de Glühwein, Schnaps radiocativos y hombres-lobo.

Con tantas cosas lindas, no oír a los ciervos tampoco nos importó y menos después de este desayuno de huevos, pan, mantequilla, queso y sol...

Frühstück

...y saludar a las Herbstzeitlosen al volver a casa.

¡Vale la pena tener las piernas como un flan!
¡Salud!